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El resto de la conducción sindical tomó nota atentamente. El anuncio no podía ser mejor para Hugo Moyano y José Luis Lingieri. Ellos necesitaban ayer un argumento que despejara cualquier intento de endurecer la política de la CGT hacia el gobierno. Lo consiguieron con el anuncio de Cavalieri: Moyano, Lingieri y Rueda obtuvieron fácilmente una delegación de facultades para negociar con el gabinete nacional la mejora en ese complemento salarial.
¿Cuál era la alternativa? Bastante temeraria si se tiene en cuenta la fortaleza política del gobierno en estos días, sobre todo ante la opinión pública. Se trataba de comenzar a mencionar la idea de una medida de fuerza en el horizonte de marzo. Y, para preparar el ambiente, discutir en el Comité Central Confederal el problema de las asignaciones familiares, cuyo aumento Néstor Kirchner prometió e incumplió por lo menos hasta ahora.
El «central confederal» sesionará el jueves que viene, y con la resolución que se adoptó ayer quedó desprovisto de cualquier condimento. Un día antes, los gremialistas tienen previsto un seminario de técnicos laboralistas al cabo del cual quedará redactada de manera definitiva la propuesta que girará la CGT al Congreso para regular el régimen de indemnización por accidentes de trabajo.
En la reunión del círculo más estrecho y decisivo del gremialismo, que se celebró durante la mañana de ayer, se discutió el delicado tema de las relaciones entre las organizaciones sindicales y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Como se informó en este diario, un grupo creciente de sindicatos temió un cambio de trato por parte de Impositiva. Los indicios más tempranos tuvieron que ver con la demora en la asignación de exenciones tributarias con las que se benefician los gremios en su calidad de entidades sin fines de lucro. Varios secretarios generales temieron (y siguen temiendo) que, al volverse más estricta, la DGI estuviera anticipando una conducta más severa con esas organizaciones. «No se trata de que cambien la ley; con buscarte la quinta pata al gato en los balances quedás anulado para la exención de Ganancias», explicó ayer uno de los «gordos», con lenguaje un poco ajeno al tributarismo ortodoxo.
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