16 de marzo 2006 - 00:00

Gobierno minimiza las consecuencias

El gobierno intentó ayer minimizar el impacto que la renuncia del gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo, tendrá sobre Néstor Kirchner. El silencio oficial contrastó con la convulsión que sembró en la Casa Rosada el prematuro final del mandatario patagónico.

Sobre los motivos de la accidentada salida, la receta fue similar: eludir opinar sobre la crisis, limitando las explicaciones a cuestiones de «salud» o «ánimo» de Acevedo. Una supuesta tendencia a la depresión y -toda una novedad para la psicología- cierta ineptitud o desgano para «administrar el poder».

El mutismo público y los argumentos reservados reflejaron los esfuerzos, frenéticos pero a la larga infructuosos, del gobierno por alcanzar un objetivo que desde su gestación estaba condenado al fracaso: desvincular al gobierno del derrumbe de Acevedo.

En la provincia de Kirchner y, como si eso fuese poco, hace tiempo -casi desde el momento en que asumió el gobernador, en diciembre de 2003- florecen las versiones y las especulaciones referidas a un vínculo deshecho entre la Casa Rosada y Acevedo.

• Tensión extrema

Los temores se cristalizaron y, además, en un rango que pocos consideraban factible: la salida, anticipada, del gobernador. Además, junto a todo su gabinete, hecho orientado a transmitir que no se trató de un antojo o una rabieta política personal de Acevedo.

Fueron 20 horas de extrema tensión. Desde el martes por la noche, en el gobierno al menos olfateaban la renuncia.
Hubo, se explicó desde la Casa Rosada, intentos para evitar la salida pero otros sectores kirchneristas habrían inducido a ese final crítico. Ayer, en tanto, a media tarde se especuló con que el Presidente viajaría expresamente a Santa Cruz para ponerse al frente del conflicto político. No ocurrió. Luego trascendió que iría a su provincia hoy; más tarde se señalo que lo haría recién mañana.

Sin embargo, se esperaba anoche que funcionarios de alto nivel viajaran a Río Gallegos. Podría hacerlo
Carlos Zannini, uno -el otro es Julio De Vido- de los más interesados en una transición calma: el sucesor natural de Acevedo es el vicegobernador Carlos Sancho, ligado a Rudy Ulloa y Zannini.

• Prehistoria

Juntos, los tres -Zannini, Ulloa y Sancho- estrenaron en los 80 en Santa Cruz la unidad básica Los Muchachos Peronistas, prehistoria de lo que en la actualidad se convirtió en la corriente Compromiso K, que comanda el secretario de Legal y Técnica.

Lo cierto es que todos los despachos oficiales estuvieron atentos a las noticias que llegaban desde «tierra santa», como se refieren los no patagónicos a Santa Cruz. Con más interés, incluso, que el dedicado al juicio que derivó en la destitución de Aníbal Ibarra.

Pero los traductores oficiales no trazaban paralelismos entre ambos hechos. A partir de las distintas voces y visiones del kirchnerismo sobre la caída de Acevedo, puede reconstruirse el argumento oficial que se concentró en dos ejes:

• Uno referido a una presunta patología de
Acevedo, a quien señalaban como «ciclotímico» y con algunas singularidades de su ánimo. Eso, decían, afectaba el desempeño de la administración provincial. Ese temperamento -según portavoces del kirchnerismo- se habría agravado en los últimos días luego de los serios incidentes de Las Heras, donde murió un joven policía.

• El otro apuntaba a dificultades para gestionar y, básicamente, para tomar decisiones.
«Kirchner va a 200 kilómetros por hora, Acevedo a 20», fue la frase usada para graficar. De acuerdo con esa óptica, la provincia tenía recursos suficientes -ver vinculada- para resolver las distintas crisis ocurridas en los últimos meses, pero Acevedo no pudo lograrlo.

De todos modos, en una lectura autocrítica, se mencionaba un aliciente sobre este último punto: Santa Cruz era para Acevedo una provincia parcelada donde la mayoría de los funcionarios respondía a otros jefes políticos, lo cual, operativamente, estorbaba la gestión.

«Si Acevedo le daba una orden al jefe de Bomberos, éste, antes de cumplirla, llamaba a su jefe en Capital para consultarlo»,
ilustró, a modo de ejemplo, la falta de verticalidad en una gestión en la que Kirchner actuaba, de hecho, como «gobernador paralelo».

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