7 de mayo 2003 - 00:00

Gobierno reconoció como suya versión de Menem bajándose

Eduardo Duhalde atrasó varias casillas al admitir como propia por TV la hipótesis de que Carlos Menem se bajaría del ballottage, uno de los dardos más eficaces con que ha contado su candidato Néstor Kirchner. La versión fue comprada con inoportuna candidez por el menemismo pesimista, tanto que lo forzaron al riojano a desmentirla, con lo cual le terminaron dando circulación legal a una maldad que había salido hace ya una semana de la Casa de Gobierno, cuando se confirmaba la segunda vuelta para Menem-Kirchner.

Anoche, ante un centenar de intendentes de todo el país que lo visitó en el hotel Presidente, el riojano retrucó: «El doctor Duhalde va a perder y va a perder el señor Kirchner». Se quejó también de que Duhalde haya perdido la neutralidad. «Pensé que iba a ser una especie de mano a mano, en pie de igualdad, entre quienes ganamos la primera vuelta. Pero -consoló a los invitados de todo el país- va a ocurrir lo mismo que en 1988 cuando Cafiero dijo que me ganaba de taquito la interna y todos conocemos cuál fue el resultado

Ayer, el Presidente desembarcó «en casa», como llamó menemísticamente al estudio de la ex «ATC» donde asumió la conducción del programa «Desayuno» de Víctor Hugo Morales.

• Reflexión

«El doctor Menem tiene dos posibilidades como en el boxeo, vamos a pasar al boxeo ahora, el perder por abandono o por knock out», sancionó el Presidente, que se permitió un instante de reflexión: «Creo que le haría un mal y sería un mal enorme al sistema democrático si no se presentara buscando cualquier argumento».

La primera vez que se oyó hablar de esa posibilidad fue el lunes posterior a las elecciones, cuando Duhalde le comentó a la mesa de estrategia de medios que reúne todos los lunes en Casa de Gobierno (Carlos Caterbetti, los voceros Carlos Ben y Luis Verdi, el operador Daniel Basile y los asesores contratados en la actividad privada que van cambiando mes a mes). Dijo conocer al personaje y que en él había una ley respecto del poder, por eso si Menem ve que no lo puede alcanzar, es muy factible que se baje del ballottage.

El vocero de esa expresión fue en aquella oportunidad Basile ya con el tono de una profecía o de anuncio de algo inminente. Desde el menemismo le respondieron que era la opinión de un beodo o de un loco, algo que debió repetirse de nuevo el lunes pasado.

De nuevo hubo reunión
«de medios» con el Presidente y allí se celebró el éxito de la estrategia diseñada una semana antes, que consistía en tres etapas de instalación de consignas pro Kirchner: primero, que Kirchner había ganado las elecciones (logrado merced al desánimo del Hotel Presidente a esas horas). Segundo, que había estallado el menemismo, como si hubiera sido alguna vez un escuadrón disciplinado (lo confirmó la renuncia de Eduardo Bauzá al comando para llevarse puesto a Alberto Kohan). Tercero, que Menem se bajaba de la elección. El clima de desánimo que trajo al resultado en algunos distritos y el horror a enfrentar la cuesta arriba de responder a la campaña antimenemista que hasta el 27 de abril simuló el menemismo que no significaba un peligro, potenciaron la versión Duhalde-Basile.

Ayudó mucho que el lunes Luis Patti y Adolfo Rodríguez Saá repitieran al unísono que si hubiera habido fraude en las elecciones del 27 de abril, Menem debería renunciar a un ballottage para no convalidar un resultado fraguado. Es decir, el de su eventual derrota.

Ayer, el ex comisario, más enojado con
Menem por su desplazamiento como coordinador electoral en Buenos Aires (le ganaron de mano Alberto Pierri y Alberto Kohan), repitió su recomendación: «Menem es muy difícil que lo haga, pero si yo tuviera que ser consejero hoy de Menem, le diría que lo haga».

El lunes, además, una red de e-mails recorrió las PC de las redacciones de los principales medios;
cuando se preguntaba cuál era el origen, se respondió desde el gobierno que era un consejo que habían dado Eduardo y Adrián Menem al riojano. Una repregunta entre menemistas tenía una respuesta viscosa, era un columnista monopólico que llamaba a los dirigentes diciéndoles que eso era cierto, pero que no lo podía publicar en su monopolio.

Como el senador
Menem estaba ese día entre San Juan y Mendoza (en el sentido geográfico de la expresión, se entiende), no pudo responder rápido a esa atribución. Se enteró cuando en casa de la ex diputada Ana Mosso en la capital mendocina, adonde repostaba tras una reunión con más de 400 menemistas cuyanos le dijeron que lo estaban buscando de Buenos Aires para preguntarle si era cierto.

Eduardo Menem
forzó el desmentido propio y también de su hermano Carlos, que lo repitió por la noche por la TV cable. El candidato mencionó como responsable a Basile, que ayer invitaba copas a sus amigos en la Recoleta festejando que el ex presidente lo hubiera honrado al mencionarlo junto a Perón, Duhalde y otros próceres con quienes nunca hubiera soñado lo relacionarían.

Mientras todo esto giraba, la reunión
«de medios» en Casa de Gobierno se trasladaba a Olivos, adonde Basile, los médicos y los secretarios presidenciales celebraron la vuelta del Presidente al deporte del paddle, que tenía algo abandonado por el tenis, más manso para su edad, según Duhalde.

«No hay que descuidarse, ganamos, pero hay que seguir trabajando»
, respiró cuando pasó a camarines con alegre compañía.

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