26 de octubre 2006 - 00:00

Gobierno usa la Policía a gusto

Raúl Castells
Raúl Castells
Además de expresarse sobre tantos temas, en general fuera de su competencia, Aníbal Fernández debería exponer algún día cuál es su criterio acerca de la seguridad pública. Después de todo, es el ministro del Interior y aspira a gobernar un distrito complicado en la materia, la provincia de Buenos Aires.

En las últimas semanas, esa exposición parece más urgente. Sucede que el mismo ministro que les negó custodia a los restos del General Juan Domingo Perón y a los miles de manifestantes -en su mayoría barrabravas-que se concentraron en San Vicente destinó una dotación impresionante de la guardia de infantería para impedir que el piquetero Raúl Castells caminara con una decena de seguidores por la Avenida Alvear, en la Ciudad de Buenos Aires.

Es difícil pensar que Néstor Kirchner instruyó a su subordinado con esa escala de prioridades. ¿Habrá decidido el santacruceño, incapaz de disponer de la Policía para manifestación alguna, utilizarla solamente para custodiar las boutiques internacionales del paseo más elegante de la Ciudad de Buenos Aires? Es la primera duda que deja el criterio adoptado por Fernández.

Hay otro interrogante, también interesante. ¿Cuál era el bien que se custodiaba impidiéndole a Castells repartir tortas fritas y mate cocido en medio del Alvear Fashion and Arts? Se supone que la calle es pública y que, tal vez, sólo los negocios se reservan el derecho de admisión. ¿Qué hará la implacable María José Lubertino, encargada de velar porque no haya discriminación en el país, para castigar lo que parece un gesto de segregación evidente? Ayer por la tarde, en el entorno de Castells se preparaban presentaciones ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo quejándose porque se haya usado a la Policía para alejar a gente de bajos recursos de una muestra de marcas de lujo. Castells apunta al ministro del Interior y al responsable, según le dijeron, de la decisión de mantener alejados de la avenida Alvear a los «piqueteros» y a Roberto Dvorik, encargado de la seguridad por parte de los organizadores. Habrá que ver si prospera este segundo tramo de la querella; Dvorik es apenas un modisto.

Otro apunte merecen los artistas que participaron de la muestra, seguramente emocionados ante los retratos de Juanito Laguna de Antonio Berni, pero incapaces de incluir a la «performance» de Castells en su propia exhibición (hubo momentos dignos del mejor teatro, como aquel en el que el piquetero reclamaba «que no nos incauten las tortas fritas»: ¿será por la pasión del ministro Fernández por esas delicias?).

Imágenes de una creatividad jamás pensada por los organizadores del show, como la del señor paquete que decía ante la TV: «Yo vivo sobre Alvear, pero lo de Castells me parece brutal, viejo». Ingenuidad del piquetero, quien creyó que el Fashion and Arts se exhibiría en el Hotel Alvear y no en toda la avenida: presionaba por ir hacia allí sin advertir que a sus espaldas le quedaban las mejores casas de esa calle (desde el Jockey Club hasta el Park Hyatt, al que le podría haber realizado una visita).

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