13 de febrero 2008 - 00:00

González Fraga, entre dos lealtades

Javier González Fraga
Javier González Fraga
«Los compromisos más eficaces suponen las mayores traiciones.» «El compromiso sólo es firme si su adversario más feroz lo acepta y abandona -traiciona-sus convicciones más arraigadas.» «La traición no borra posiciones anteriores, antes bien las destaca. Son la condición de la legitimidad del compromiso.»

Estas tres máximas están contenidas en el breve ensayo titulado «Elogio de la traición», escrito por los franceses Denis Jeambar e Yves Roucaute.

Es posible que Roberto Lavagna lo haya consultado antes de firmar su capitulación política en los jardines de Olivos. La evaluación del costo-beneficio de semejante borocotazo no alcanzó a ser juzgada en el mediano plazo; el impacto negativo -a pesar de la supuesta inmunidad que le garantizaba la «primicia» dada al monopolio «Clarín»- sobre la opinión pública fue inmediato. Ni siquiera hubo que esperar la apologética encuesta salvadora del CEOP o las edulcoradas tintas de « Página/12».

Y como no podía ser de otra manera, Lavagna terminó bebiendo de su propia medicina. Javier González Fraga, su principal referente económico en su autoabortada aventura presidencial, parece seguir las enseñanzas de los autores franceses con su público apoyo al ministro de Economía en las sombras, Martín Lousteau.

González Fraga salió a gritar lo que Lavagna calló al pactar con Néstor Kirchner: la salida del gobierno de Julio De Vido y de Guillermo Moreno; es decir, el cambio de gabinete imaginado por Alberto Fernández para que la Presidente encare su gestión renovada a partir de marzo.

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