Observaron el método y quieren sacar provecho de él: como si las cosas en este país se resolvieran cuando Chrystian Colombo visita una institución de revoltosos, sindicalistas de las dos CGT plantearon al ministro de Trabajo, José Gabriel Dumón, que sólo darían de baja la marcha programada para mañana si el jefe de Gabinete asistía al plenario que se realizará hoy a las 10.30 para organizar la protesta. Parecían gobernadores los gremialistas, comandados por Luis Barrionuevo y Hugo Moyano, cuando reclamaron que Colombo debería asistir a su sede a formular promesas creíbles, aceptables y, sobre todo, costosas: plata para que sus obras sociales y las empresas de salud a las que están vinculados todos ellos zafen de la crisis que afecta al negocio. Como si «el Vikingo» fuera un médico de visita domiciliaria.
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Hasta anoche ni Dumón ni Colombo tenían previsto concurrir a la central obrera, donde Barrionuevo le ganó de mano a Rodolfo Daer y al resto de la conducción de los «gordos». Recién llegado de Ginebra, Daer convocó a una reunión del Consejo Directivo para las 15.30 para que la CGT que conduce se declare contraria a la manifestación y pague, con esa mansedumbre, el desplazamiento de Patricia Bullrich del Ministerio de Trabajo y su posterior alejamiento del gabinete nacional.
Pero a esa hora el edificio de Azopardo 802 estará «tomado» por los seguidores de Barrionuevo y de Moyano, empecinados por distintas razones en ir adelante con la queja. La decisión de estos dos sindicalistas insinúa un problema mayor para Daer: de profundizarse su entendimiento, las dos CGT podrían encaminarse hacia una unidad formal que tenga al camionero como cabeza. Es lo que menos desea la Casa Rosada. Y también Daer y su ala dialoguista. Claro, la diferencia de criterio tiene su explicación en la interna peronista y sus distintos alineamientos. Daer, Carlos West Ocampo y sobre todo Armando Cavalieri se inclinan por José Manuel de la Sota. Barrionuevo y Moyano juegan el partido de Carlos Ruckauf. Son dos maneras distintas de mirar al gobierno: surge evidente de sus propias declaraciones la voluntad del gobernador de Buenos Aires (en especial las que realizó en el acto de lanzamiento de los intendentes-»mosqueteros») de que De la Rúa sea reemplazado cuanto antes por un peronista. Lo mismo que viene proponiendo Barrionuevo desde antes de las elecciones. Por eso esta huelga de mañana, igual que la que Moyano realizó hace 10 días cortando las rutas del Mercosur, es vista por el gobierno como parte de una conspiración de desestabilización.
Tanto Daer como West Ocampo y Cavalieri creen que, con la movida de Bullrich, Fernando de la Rúa se ha ganado su corazón, sobre todo si vuelve a reglamentar la posibilidad de aplicar a pagos diversos los bonos que se les pagaron por viejas deudas. Quien mayores costos sufre con esta conciliación es West: la manifestación de mañana tiene como eje temático principal la crisis del sistema de salud, que es donde se asienta su gremio. West, sin embargo, declaró: «Si fracasamos en el reclamo al gobierno, pensaremos otras reacciones, como ir a la Justicia, por ejemplo».
El trío quería disminuir el impacto de la queja y realizar la manifestación en un estadio cerrado. También se empeñó en conseguir el gesto de Colombo y Dumón para bajar la protesta. Pero desde el gobierno replican con un razonamiento obvio: «Si ustedes no consiguen unificar su personería no hay pacto posible».
Para mañana habrá columnas formadas por trabajadores de obras sociales, del PAMI y prestadores de esa obra social de jubilados. Prometen hacer circular ambulancias y hasta coches fúnebres para quejarse por la quiebra de ese sistema que ellos mismos, los sindicalistas, jamás quisieron reformar. Acaso alienten la prescindencia de Colombo, quien no quería concurrir a la CGT para que la marcha no se realice: el jefe de Gabinete hace más de un año que quiere cambiar al ministro de Salud, Héctor Lombardo. Al «Vikingo» le gustaría Ramón Mestre, destinado en su esquema a encargarse de Salud, Seguridad Social y Desarrollo Social, convertido todo en un único ministerio reestructurado, con una agencia social autónoma.
Pero Lombardo se niega a recibir el mensaje: ya encerró durante una hora a De la Rúa para presionarlo por su continuidad laboral y ayer fue el primero en plantarse frente a la escalinata del Tango 01 para volver a tironear del saco del Presidente.
Mientras el gobierno intenta que la cabeza de Bullrich traiga la paz prometida con su defenestración, la ex ministra decidió demostrar que si se fue del gabinete no fue por algún arrebato antisindical. Por eso visitará hoy la sede Capital de FOETRA --disidente de la federación nacional de ese gremio-y el viernes viajará a San Juan para encontrarse con un grupo de gremialistas de la zona. En ambos casos pretende levantar la bandera de la renovación sindical, que al parecer le impidió De la Rúa cuando le reclamó anular la resolución que obligaba a los gremialistas a exhibir sus declaraciones juradas ante Trabajo.
Los sindicalistas de la CGT de Daer comenzaron a ver estas incursiones de la Bullrich con alguna reserva. Temen que «les salga una Carrió» y acumulan indicios para mortificarse. Por ejemplo: Cavalieri no pudo reaccionar cuando, a la salida de un canal de TV y después de decirle a la ex ministra que era una «saltimbanqui de la política», ella le contestó que «si yo toco timbre en la DGI vos y tu testaferro en la medicina prepaga no sabrían cómo explicar que te convertiste en el principal operador de la salud privada en el país».
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