8 de diciembre 2005 - 00:00

Grotesco: ahora Bielsa no va a Francia sino a Diputados

Y el culebrón de Rafael Bielsa culminó ayer -se supone- con otro cambio repentino: decidió rechazar la embajada en París que le había obsequiado Néstor Kirchner, luego de aceptarla, para regresar a la banca de diputado a la cual había renunciado (aunque no llegó a tratarse la dimisión en la Cámara), cuyo asiento estaba probando el locutor Claudio Morgado, su frustrado heredero, a quien anoche nadie podía recuperarlo de la depresión. Todo sucedió en menos de 24 horas, con largas parrafadas y explicaciones para justificar primero una determinación y, luego, la otra. Pasó de la obediencia y la «militancia» al «tenía yo razón frente a lo que quería el Presidente». Demasiada volatilidad para un alto funcionario, falta casi de sensatez -o exceso de apresuramiento- en el propio gobierno. Alegaba anoche el ex canciller, casi como un caballero, que no pudo soportar el reproche callejero de quienes lo votaron y abandonaba, que no resistió inclusive su propia burla al «compromiso moral» del mandato de la última elección y, también, a la presión familiar que no lo dejó dormir una noche («agonía», calificó como un vate). Por no hablar, claro, de cómo ciertas críticas afectaron su ego, el bien más preciado. Pero también se discutía anoche si la renuncia oral y pública a la banca no es ya una renuncia efectiva y no tiene marcha atrás.

Otra impudiciade la políticaayer. Veinticuatrohorasdespués delnombramientode RafaelBielsa comoembajador enFrancia, el excancilleranunció quedesistía de esenombramiento yasumía comodiputado. Lo deBielsa hizoacordar muchoaunque condiferencias- a larenuncia deChacho Alvarez.
Otra impudicia de la política ayer. Veinticuatro horas después del nombramiento de Rafael Bielsa como embajador en Francia, el ex canciller anunció que desistía de ese nombramiento y asumía como diputado. Lo de Bielsa hizo acordar mucho aunque con diferencias- a la renuncia de Chacho Alvarez.
El expediente Rafael Bielsa volvió a foja cero: arrinconado por los reproches, el ex canciller decidió ayer no aceptar la designación como embajador en Francia y aunque había anticipado su renuncia a ocupar una banca como diputado, finalmente asumirá en el Congreso.

Batió un récord: protagonizó dos renuncias en menos de treinta horas, proceso en el que como coronación de ese zigzagueo corrigió su dimisión anterior, la que había tomado el martes, de no jurar como legislador nacional para habitar la embajada argentina en París.

La presión familiar y, según dijo, las críticas callejeras empujaron a Bielsa a desandar sus pasos. «Fue una decisión personal», dijeron desde su entorno. Alberto Fernández lo citó al mediodía en la Casa Rosada y remó para revertir su decisión. No lo logró.

«Creí que mi deber era representar al país ante Francia, pero la gente prefiere la credibilidad a la capacidad de gestión»,
confesó, solo y demacrado, ante las cámaras que convocó -a pesar de ser un evento que involucró al gobierno- a un hotel céntrico.

Con eso, el oficialismo pateó el episodio lejos de su territorio. Es una regla que lleva el sello K: los anuncios positivos se hacen desde la Casa Rosada; los tropiezos se comentan desde el llano.

• Doble golpe

Para Néstor Kirchner es un doble golpe: la paliza pública -tanto del arco opositor como de los medios- por la decisión de enviar a Bielsa a Francia -luego de que éste había prometido que asumiría como diputado- y el costo de haber tenido que recular.

Se enlaza, además, con otro episodio:
el bloqueo que el gobierno operó en Diputados para impedir la jura de Luis Patti. Ayer, en el kirchnerismo, circulaba un sondeo encargado por la Casa Rosada que revelaba que esa maniobra no fue avalada por los consultados.

Frente a eso, convocar a extraordinarias en el Senado para aprobar el pliego de
Bielsa como embajador implicaba estirar la permanencia en la escena pública -más allá de lo recomendable- de un incidente que, siquiera lateralmente, podría dañar a Kirchner.

En cuanto al impacto, sobresaleun condimento internacional:
Bielsa reemplazaría a Juan Archivaldo Lanús en la relación con Francia, uno de los países con los que la Argentina debe atender un largo rosario de asuntos. Esos vaivenes, de comidilla interna, dañan la política exterior.

En su anuncio de rechazo a encabezar la embajada en París,
Bielsa desplegó sus argumentos: dijo que su familia le reclamó que cumpla el compromiso de asumir en el Congreso y que, en la calle, varias personas le reprocharon su decisión de no jurar como diputado.

«Fue una de las decisiones más difíciles de mi vida»,
dijo respecto de la determinación, inicial, de aceptar la oferta de Kirchner para representar al país en Francia. «Creí que ése era mi deber, pero cometí un error de lectura», admitió, luego, el ex canciller. Esos errores que le impiden ser embajador ¿lo habilitan para votar leyes?

«Fue un esfuerzo personal muy grande. Creí que mi deber estaba en ser embajador, pero también escuché a la ciudadanía, a la gente. La ciudadanía privilegia la palabra pública por sobre las necesidades de una gestión»,
completó su libreto de renunciamiento.

Medió, en paralelo, una fuerte presión familiar. Su esposa,
Andrea De Arza, y sus hijos, además de socios políticos como Eduardo Valdez -ex funcionario de la Cancillería que renunció tras el incidente de la médica cubana Hilda Molina-, le pidieron que no acepte ser embajador.

Bielsa
relató, además, el encuentro con una «mamá» en Arenales y Libertad, quien lo acusó de ser una «mala persona». Evitó, en tanto, zambullirseen las especulaciones sobre el impacto de su resolución. «Esta es una cuestión moral, no política», se atajó.

La combinación, dijo, de esas experiencias lo empujaron a desechar la oferta para viajar a Francia. Por la mañana, en un raid radial, perfiló su decisión cuando habló de
«agonía», «mortificación» y «dolor» para graficar la sensación que le produjeron las críticas.

Esos sentimientos se contagiaron ayer a
Claudio Morgado, quien asumiría como diputado en reemplazo de Bielsa. La marcha atrás del ex canciller aborta, entonces, la jura del conductor de TV. «Había empezado a trabajar como diputado», se lamentó ayer Morgado, apenas escuchó la mala nueva. Antes, Bielsa se había disculpado de antemano. «Espero que Claudio pueda trabajar con nosotros en el Congreso», buscó darle ánimo al actor. Culposo, el ex canciller, no alcanzó a percibir que a esa hora el ánimo lo necesita él.

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