5 de mayo 2006 - 00:00

Gualeguaychú y Fray Bentos, más separadas que nunca por el río

Vecinos de Gualeguaychú se preparaban desde ayer, con carpas y casas rodantes, para el acto de hoy del Presidente y los gobernadores.
Vecinos de Gualeguaychú se preparaban desde ayer, con carpas y casas rodantes, para el acto de hoy del Presidente y los gobernadores.
Fray Bentos, Uruguay ( enviado especial) - El río, esta vez, separa más que nunca. Ni el fútbol, dicen los vecinos fubtoleros, sembró tanta distancia. Lo cierto es que hoy, dos ciudades hermanas se miran de reojo y expresan posturas antagónicas e irreconciliables sobre un mismo asunto: la instalación de las dos papeleras sobre las costas del río Uruguay. Es lo que ocurre entre la uruguaya Fray Bentos y la argentina Gualeguaychú, separadas por poco más de 30 kilómetros de ruta y un río manso y lento, pero que a pesar de eso por décadas palpitaron a un ritmo similar. Ahora eso se rompió: hay recelos, tensiones y se dañó el trato comercial y de «buen vecino». La visión dual abruma al observador desprevenido. Del lado oeste del río, en Gualeguaychú, las papeleras son sinónimo de demonio. Enfrente, el emprendimiento de Botnia y la promesa de ENCE se palpan como una bendición. Esos extremismos, que cada uno se encarga de justificar, separan a viejos amigos. Hay muchos modos de palpar el conflicto.

En la política, por caso, la diferencia se expresa sin eufemismos. En Entre Ríos, dicen que Tabaré Vázquez los decepcionó. Lo plantea Daniel Irigoyen, intendente de Gualeguaychú, que festejó, en 2004, el triunfo del Frente Amplio (ver nota en pág. 3). En Fray Bentos, como contracara, el legislador Luis Massey se despacha contra Néstor Kirchner. En otro tiempo, unos y otros se imaginaron partícipes de una simbiosis política entre Kirchner y Tabaré. En las calles, muta según el lugar. Para los entrerrianos, se trata de una cruzada «Papeleras o Muerte». En Fray Bentos, en cambio, es más sutil: no forma parte del diálogo diario y casi se asimila como un hecho dado. Y así es: día a día ven crecer una mole de hormigón que, concluida, ocupará unas ocho hectáreas.

El punto más sensible es el económico. A un lado y otro del río Uruguay, ése es el factor más notable y que, de algún modo, explica adhesiones y rechazos. Para Gualeguaychú, además del fenómeno ambiental, el riesgo contaminante de las papeleras supone un perjuicio económico porque bajaría el precio de las propiedades, dañaría la producción y perjudicaría seriamente el turismo. Ese fantasma generó un efecto dominó y prendió las alertas en todos los sectores sociales.

En Fray Bentos, ocurre todo lo contrario: el inicio de las obras de Botnia disparó una reactivación económica que se percibe en las calles y que, según explican en la intendencia fraybentina, tendrá una consecuencia directa. «Hace dos años teníamos 20% de desocupación; cuando se conozca la próxima medición, vamos a tener cero desocupación.» Desde que treinta años atrás cerró el frigorífico Anglo, en esta ciudad no se registran los actuales niveles de empleo. Quizá sea el motivo por el cual los fraybentinos prefieran creer que las papeleras no implican ningún riesgo para su salud. Allí radica la diferencia gruesa: en Gualeguaychú se siente como la amenaza de una muerte lenta. En Fray Bentos, en cambio, como un renacer largamente esperado.

P.I.

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