El acto por los 150 años de la fundación de San Justo (partido de La Matanza), el 10 de noviembre que pasó, corre la suerte de convertirse en un gozne para varios destinos. En el palco que ocuparon Kirchner, su esposa, Daniel Scioli y Felipe Solá, se dispararon iniciativas que siguen dando que hablar. Se sabe ya que Luis D'Elía, que es un puntero de la zona, intentó subir al escenario y los custodios del Presidente se lo impidieron. Quienes observaban señalaron cómo el piquetero se bancó con paciencia el castigo y vio el acto entre el público. Pocas horas después, se le disparó la glándula chavista, hizo la visita a la embajada de Irán y perdió el empleo como secretario de Hábitat.
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Menos se sabe, que en un diálogo mientras esperaban el comienzo de ese acto, Kirchner dijo al aire: «Necesitamos una ayuda por acá».
Scioli respondió: «Cuando necesités, contá conmigo porque conozco bien la zona». «¿Sos de acá?», se sorprendió Kirchner. «Claro, viví once años, fui a la escuela en el Ward y conozco bien estos barrios». Por un instante a Kirchner se le enderezó la mirada. Lo demás es especulación, y algo más.
En un acto en Capital, la semana pasada, se le acercó al grupo que suele acompañar al vicepresidente el entornista Rudy Ulloa, que presume de ser oreja y almohada presidencial para costuras políticas, en varios distritos del país -incluyendo Capital-, y les advirtió que Kirchner había mandado a medirlo a «Daniel» en la provincia de Buenos Aires. Que lo midiera no es nuevo, porque Scioli está en todas las encuestas para todos los cargos en todos los distritos y suele celebrar que permanece siempre en los puestos más atractivos. Sí les extrañó que Ulloa tocase el asunto por su presumible frecuentación con Kirchner. Entre aquellas anécdotas y la publicación del fin de semana de la prensa amiga del gobierno de que «Kirchner piensa en Scioli», (todo un alarde de investigación periodística esta de ahondar en el pensamiento preverbal del santacruceño) se agrega la leyenda de que Scioli pudo hablar del tema con Eduardo Duhalde. Este ex presidente siempre lo ha tenido al vicepresidente como postulante a gobernador. Ha figurado entre sus preferencias en el mismo rango que Mauricio Macri -los dos serían una mortificación electoral para Kirchner, principal proyecto de Duhalde- pero hay una novedad: sin Felipe Solá el oficialismo se quedó sin candidato de peso en Buenos Aires. Ninguno de los anotados registra peso en las encuestas (Aníbal Fernández, José Pampuro) y el que mide algo, (Alberto Balestrini) insiste en que no quiere ser candidato. Tampoco está claro que Kirchner tenga el dedo mágico de otros peronistas de antaño que le permita señalar a un candidato y que se lo voten (no le ha pasado con casi ningún candidato, ni con su esposa en la elección a la senaduría por Buenos Aires, que ganó en sociedad con un lote importante del peronismo que fue de Duhalde, que antes que un apoyo jugó en beneficio de posiciones propias). El regreso, hoy, de Kirchner de Santa Cruz trae otro enigma. La única cita que tiene confirmada es con Scioli, que espera salir de la reunión con algo más de claridad sobre lo que el oficialismo quiere de él. Hasta ahora era número puesto para la jefatura de Gobierno de la Capital, seguramente para confrontar con un Jorge Telerman que se aleja cada día más del kirchnerismo. En 2003, cuando fue nominado candidato a vicepresidente de Kirchner, Scioli también era candidato al mismo puesto por el PJ -el anuncio de aquella postulación se hizo el mismo domingo cuando el partido iba a formalizar la candidatura porteña en una lista única.
Scioli tiene urgencia de tener alguna claridad porque si lo empiezan a medir como gobernador de Buenos Aires perderá peso como candidato porteño, que es en lo que ha estado concentrado hasta ahora. Su crecimiento como candidato en Capital lo ha hecho con ayudas no confesadas de la Casa de Gobierno pero debe saber que allí no se deja crecer mucho a nadie en nada. Distraerlo de la carrera porteña es un esmeril que sólo tiene rédito para él si en las próximas horas lo convierten efectivamente en candidato bonaerense, un regalo a Duhalde que no está claro que quiera darle el Presidente a su antecesor. ¿Y los papeles? Flojos, como los de tantos candidatos anteriores en el distrito, como Graciela Fernández Meijide, vecina del barrio de Belgrano. O Carlos Ruckauf, que vivió entre La Paternal y Palermo y descubrió de grande que tenía una quinta en Ezeiza que le permitió simular la ciudadanía bonaerense (la acuñó en realidad con una legendaria fotografía votando en una escuela provincial, que no falta quien diga que se fraguó en un estudio, como en el filme «Mentiras que Matan»).
Scioli nació y reside en la Capital Federal; vivió esos once años en Ramos Mejía como colegial del Ward, que según la Casa de Gobierno alcanzan para cumplir con la exigencia constitucional de Buenos Aires de «haber ejercido durante cinco años la ciudadanía» provincial.
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