7 de agosto 2001 - 00:00

Hoy nueva jornada de cortes de ruta ante gobierno dubitativo

El movimiento llamado «piqueteros» ejecutará hoy y mañana nuevos cortes de rutas y calles, entorpeciendo el esquema productivo del país y arriesgándose a incidentes. «200 cortes» anuncia una página de Internet de los piqueteros no reconocida por los cabecillas pero que le aportan intelectuales de izquierda con vista al copamiento de esta forma anárquica de protesta en las calles que constituye una tentación sabrosa para políticos e ideólogos.

El gobierno se muestra dubitativo y esto afecta la recuperación financiera: nadie arriesga demasiado porque se vuelve a dudar de Fernando de la Rúa. Logró éste que la Corte Suprema se pronuncie en el sentido de que los cortes de ruta, como delito, son jurisdicción de los jueces federales pero se nota en el gobierno la intención, nuevamente, de escabullirse de decisiones difíciles, esta vez derivándolo todo en la Justicia.

No sólo eso sino que se siguen cometiendo errores. Enfrentar este tipo de movimientos tras haberles reducido el sueldo a las fuerzas de seguridad -hay excepciones como en Misiones- encargadas de controlarlos es una actitud entre inconsciente e institucionalmente suicida que concretó el gabinete nacional.

Además, el gobierno tiene en su seno las clásicas incongruencias del «aliancismo» como el ministro Juan Cafiero, que pretende lo que Juan Perón en 1943: desde un cargo ministerial llegar al copamiento de masas que lo proyecte en lo personal. Se olvida de que aquel coronel Perón tenía un especial carisma, ninguna ideología de izquierda en su cabeza y en su formación, hubiera sido incapaz de apoyar a movimientos terroristas e inhumanos como la ETA de España, que sí apoyó «Juampi» Cafiero, y -fundamentalmente- Perón se encontró al frente de una Argentina rica con las divisas acumuladas por vender alimentos sin poder importar durante la Segunda Guerra Mundial. Perón no podía caminar, famosa frase, de tanto oro acumulado en las bóvedas del Banco Central. Este Cafiero aprendiz de brujo está en medio de una Argentina quebrada y en convocatoria y sueña con utopías casi infantiles de reparto de lo que no hay.

Además, ignora que los más pobres y desocupados nunca votan a los utópicos de izquierda porque viven el hambre o la carencia diariamente y saben que la solución de sus males no vendrá de ellos ni de sus discursos demagógicos.

Por esa misma incongruencia de su gabinete de ministros este gobierno tiene otras fallas. Por caso en el primer «piquetazo», la semana anterior, desplazó -lo hizo el subsecretario Enrique Mathov-gendarmes en Neuquén sin consultar al gobernador Jorge Sobisch que, ofendido y demasiado arriesgado, no sacó la fuerza policial a las calles para colaborar con los 300 gendarmes.

O sea, el gobierno unas veces actúa en forma directa y otras por jueces, y eso desconcierta. No se da cuenta de que ahorrar 2.500 millones de dólares en 6 meses en un Estado viciado por sus déficit, su descontrol y su uso político en nombramientos es probable que requiera tener bien estudiado el estado de sitio.

La desconfianza se acrecienta al pensar que ante cualquier incidente de violencia podría caerse en la tentación de acusar a los jueces o a las fuerzas de seguridad, como era habitual que hiciera Federico Storani cuando era ministro del Interior.

No sólo es incongruente y poco hábil el gobierno para enfrentar este tipo anárquico de movimientos de fuerza callejera. «Los piqueteros son las CGT de los desocupados», sentenció recientemente el sindicalista Hugo Moyano, que fue abucheado cuando trató de acercarse y hablar en una asamblea de los cortadores de rutas. La incongruencia está en que las dos CGT que dicen representar «a los trabajadores» en actividad (en realidad cuatro de cada diez personas que trabajan aportan cuota a los sindicatos y a los sindicalistas que por eso vacían de dinero las obras sociales) son la antítesis de los desocupados, que en un muy alto porcentual son víctimas de los regímenes laborales excesivos que han impuesto las burocracias sindicales, la «ultraactividad de los convenios de trabajo», los «estatutos especiales», las indemnizaciones alocadas y la justicia parcial antiempresas del fuero laboral.

Que las CGT o el MTA coincidan con los «piqueteros» que deben su condición de desocupados al temor a tomar más trabajadores por los regímenes que les imponen los jerarcas gremiales es otra de las ironías que no se entienden en la Argentina.

Otro error del gobierno es no haber aplicado en los planes Trabajar el criterio que impuso el gobernador José Manuel de la Sota en Córdoba. Hasta donde los fondos le permiten, se pagan los $ 200 de cada Trabajar a empresas privadas -terminantemente excluidas las públicas- que tomen a un desocupado, le agreguen otra porción del sueldo y le hagan aportes previsionales. En esa provincia nadie manipula estas ayudas humanitarias.

Aquí se hizo demagogia política con los planes Trabajar ya que hasta los mismos cabecillas de los piqueteros los adjudicaban y con esto formaron adherentes que son su fuerza de choque como activistas obligados a participar en las tomas de rutas.

Los «piqueteros» en sí no sólo tienen como culpa interrumpir el traslado de la producción, el intento de politización evidente en algunos de sus cabecillas, el cobro compulsivo de un «peaje-impuesto» para circular por los «caminos alternativos», como los llaman. Tendrán las culpas de hechos de sangre que puedan sobrevenir, aunque se escudarán en las fuerzas de seguridad. El ideal es la protesta en paz de los piquetes pero no van a creer -serían demasiado ingenuos- estos jefes improvisados en las calles que los activistas de izquierda los van a dejar mucho tiempo en esa tranquilidad, en ese acercamiento a la iglesia sin violencia. La izquierda criolla necesita forzar una represión porque es una oportunidad única.

No actuaron los activistas en el primer «piquetazo» organizado la semana pasada para no asustar a los concurrentes de buena fe, los de primera vez y los que fueron alquilados por $ 20 por día por hacer número. Si había violencia en la primera jornada se arriesgaban a que no fueran muchos a las rutas en la segunda que comienza hoy. Pero más tarde o más temprano, la izquierda que ama la violencia y desprecia a los mismos pobres que concurren a los piquetes provocará a las fuerzas de seguridad como ya ocurrió. Esa izquierda necesita represalias para sus fines últimos. Totalmente minoritaria, no puede reunir gente en actitud activa en las calles, fuera de sus conocidos activistas en la Capital Federal, y menos en el interior del país, donde es casi nula en las urnas.

Tampoco tiene expresión ese izquierdismo en la manifestación pacífica y sentida de las más de 30.000 personas que ayer se mantenían en vigilia para, hoy, pedir en San Cayetano por «paz, pan y trabajo». Frente al santuario del patrono del trabajo se formó una cola de 25 cuadras en la que ninguna prebenda tipo plan Trabajar contaminó esa expresión de fe que, en sí misma, es una protesta más conmovedora que la de los violentos piqueteros y quienes los instrumentan. Estos fieles de San Cayetano son la otra cara, pacífica pero quizá más sufrida, de la depresión que aplasta a la economía nacional.

La izquierda, que no llega a entender este fenómeno, ya logró neutralizar a las Fuerzas Armadas para que eventualmente colaboren en la restitución del orden interno (se necesita una autorización del Congreso que demandaría días), ha insistido hasta lo irracional en atacar a las Policías con campañas en su contra de «gatillo fácil» o «maldita Policía», generalizando los males de policías que reciben sueldos de miseria por arriesgar sus vidas. Hasta los acusan de falsas torturas que cualquier delincuente invoca aunque no existan. Por otra parte, la izquierda ha logrado desmantelar y hasta ridiculizar a la SIDE y su accionar para descubrir planes terroristas o de aprovechamiento de manifestaciones.

Con este panorama es lógico que el riesgo-país no baje aunque no haya caída -porque están ya muy bajos- en los títulos públicos. Se sabía que era más fácil -y costó tanto- sancionar la Ley de Déficit Cero que hacerla cumplir. Cómo se lleva adelante es lo que observan hoy los inversores y los países que han decidido ayudarnos como Estados Unidos, Alemania, España e Inglaterra principalmente.
H ay una realidad terminal: ninguna ayu da vendrá desde el exterior para gastos del Estado. Los 6.000 millones de dólares del Fondo Monetario tienen como exclusivo fin ser soporte de las reservas del país, o sea para eliminar un reclamo legítimo de la Argentina, como es la fuerte especulación de importantes bancos internacionales contra las cotizaciones argentinas, sembrando miedo con las reservas para tratar de ganar con una devaluación.

Pero no son de ninguna manera los 6.000 millones del Fondo para volver a volcarlos al pago del déficit del Estado. El presupuesto argentino tiene que ir inevitablemente, sin que haya otra salida, hacia el déficit cero exclusivamente con lo que el gobierno recaude y lo que ahorre del gasto estatal.

Si se cumple esto -para comenzar obser vando si el gobierno es capaz de resguardar el orden público y la libre circulación de sus rutas, como sucede en cualquier país civilizado- probablemente vendrá más ayuda externa y se recuperarán los mercados.

Esta vez el futuro en lo financiero depen de exclusivamente de los argentinos y de quienes ejercen hoy el gobierno.

Dejá tu comentario

Te puede interesar