26 de julio 2001 - 00:00

Ibarra auxilió de urgencia a De la Rúa

Fernando de la Rúa y Aníbal Ibarra sellaron ayer en imprevista reunión un tratado con varios artículos:

* El Presidente aseguró que el radicalismo no hará internas en el distrito, una decisión que se resolverá a bordo del avión que llevará a De la Rúa a Perú el fin de semana.

* Esas listas serán de la Alianza, según se confiaron los mandatarios, que desecharon la posibilidad de que compita Elisa Carrió en octubre. «Con ella seguimos de amigos», admitió De la Rúa.

* El Frepaso seguirá con sus críticas a las medidas económicas sin avanzar más que eso. «Es peor si no», justificó Ibarra.

Más enojado que curioso, De la Rúa recibió ayer en la Casa Rosada a Ibarra. Quería aclaraciones y sondearlo sobre la permanencia del Frepaso en la Alianza.

Fueron sólo 20 minutos de una cita que pidió el Presidente después del periplo verbal del jefe de Gobierno porteño, repetitivo en su concepción de que el «gobierno nacional se corrió de la Alianza». Ya le había contestado Juan Pablo Baylac, uno de los armadores del encuentro de ayer, con que era «poco serio», pero a De la Rúa le molestaron además los comentarios puertas adentro del despacho municipal durante el encuentro «express» de la cúpula frepasista, el martes, que aunque decidió que sus funcionarios permanezcan en sus sillas, intentó llevar un documento a la Casa Rosada exigiendo que el Ejecutivo cumpla la ley que se sancionó en Diputados, colocando el ajuste de haberes de empleados y jubilados por arriba de $ 1.000.

Ese pedido, de defensa de una norma que el Frepaso votó en contra en la Cámara, es parte de las piruetas que
Ibarra y el resto de la mesa que reemplaza a Carlos Chacho Alvarez hacen para llegar a octubre. En esa ruta se aceleran ante la primera parada, que será el próximo 14 de agosto, cuando vence el plazo para la presentación de alianzas ante la Justicia electoral.

Mientras tanto se les dispersan a
Ibarra los adherentes porteños del Frepaso, con porciones que se suman al ARI de Elisa Carrió (como los legisladores Raúl Puy y Fernando Finvbard, que ayer estrenaron bloque porteño con ese sello), al Polo Social del padre Farinello (¿en busca de una catarsis reparadora?), o a la nada como los chachistas que impulsa Liliana Chiernajowsky, esposa del ex vice.

De la Rúa, molesto, provocó que Ibarra sacara a relucir también algo de enfado: lo habían criticado Baylac y Nicolás Gallo.

Antes de llegar a la cita, Ibarra se tomó tiempo para pasar por el despacho de Rafael Pascual, con la idea de que conseguiría una pista sobre la reunión posterior. El jefe de la Cámara no lo ayudó en ese sentido, pero le permitió intercambiar opiniones sobre la crisis mutua.

«Nosotros no tenemos mayores problemas», se jactó Pascual, y le dejó traslucir que la provocación a un abandono podría causarle, más que a nadie, a Ibarra serias complicaciones. Este le confiaba en la charla «la voluntad de los frepasistas es irse del gobierno», haciendo la salvedad de que «los frepasistas» son la tropa en su mayoría y no todos los funcionarios que tienen puestos en la gestión nacional.

Tropiezo

Ibarra quiere cercar su gobierno aliancista para protegerlo de los em-bates nacionales, pero esa ilusión tropieza con la amalgama radical que no entiende de diferencias geográficas partidarias como lo hace el jefe de la Ciudad.

«Por momentos creemos que nuestro socio político es un fantasma», le dicen dirigentes de la UCR , para graficar lo compenetrados que están en la diáspora que padece.

La sensación que le quedó a
Pascual es que todavía el Frepaso no decidió ni sabe qué rumbo electoral tomará. La UCR ratificó en correspondiente plenario que mantendrá la sociedad, pero Ibarra tiene que sor-tear ante el compromiso de hoy dos reuniones. Una es la que mantendrá el sábado con una decena de intendentes frepasistas del país, y la otra, el 4 de agosto, cuando sesione el congreso del Frente Grande de la Capital.

Este último encuentro tuvo como antecedente una congregación partidaria el fin de semana, donde las voluntades de la mayoría de los dirigentes allí presentes se entusiasmaron por la soledad o nuevas sociedades: dirimen entre correr detrás de Carrió (o en su lugar Alfredo Bravo), Farinello, una boleta suelta sólo de frepasistas o surtirse con el radicalismo.

Por eso la llegada de
Ibarra a la oficina de De la Rúa desairó a algunos acólitos, que entendieron que ahora los esfuerzos del jefe de la Capital están puestos en mantener la coalición a pesar de sus quejas.

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