Aníbal Ibarra logró esforzadamente, el sábado, en el porteño hotel Bauen, su consagración como presidente del Frente Grande nacional y debutó en la rosca de acuerdos para lograr ese nombramiento, que dejó en minoría a los chachistas nostálgicos y rupturistas.
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La cita fue por la mañana, con la idea de coincidir en un documento que se había repartido sobre críticas duras al gobierno nacional, a la desaparición de la Alianza y a la sepultura de la misma. La proclamación de ese acuerdo de palabras sería acompañada por el nombramiento de Juan Pablo Cafiero como vicepresidente del FG, un símbolo del chachismo en ese Frepaso residual que, de no tener congreso el sábado, hubiera perdido su personería jurídica.
A metros del hotel, en la Casa del Frente Grande, Cafiero e Ibarra conciliaban posturas, junto al tucumano José Vitar, asiduo concurrente a las mesas del bar El Oporto, donde atiende Chacho Alvarez a quienes todavía lo frecuentan. «Juampi» pedía, además de ser vicepresidente, la conducción de una mesa de acción política, lo que lo convertía en un presidente paralelo a Ibarra. Este le ofertaba la vice y la conformación de una mesa nacional donde estuviera representado el interior del país, además de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.
Acuerdo
Otro sector, el flamariquismo, encarnado en Cristina Zuccardi (esposa del ex ministro de Trabajo Alberto Flamarique), acusaba con no dar quórum, hasta que irrumpió el legislador porteño Ariel Schifrin. Este aseguró a su jefe, Ibarra, que ya tenía un acuerdo con el resto de su línea interna. Se trataba de conformar la llamada Corriente Federal, que integran provinciales con el ibarrismo y el propio chachismo. Sin embargo, a la hora de comenzar los números no le daban a Ibarra para pasar el congreso sin sobresaltos: nadie le negaba su postulación, pero el chachismo pedía ruptura y, ante la negativa del resto de tratar un documento «sin nada de autocrítica» y la división entre funcionarios de gestiones -de la Capital y otros distritos del país donde mantienen convivencia con el radicalismo-y legisladores o los llamados sin cargo, la sentencia de divorcio no era viable.
Sobre el filo del Congreso, Ibarra, después de un altercado con su ladero Schifrin, y otras gestiones, logró retener a los federales, más los congresales del ibarrismo, el flamariquismo y los bonaerenses que conduce Rodolfo Rodil. Un giro forzado por Ibarra, que se dio cuenta a tiempo de que le había prometido un sillón sin los votos necesarios.
Así fue que el intendente de Avellaneda, Oscar Laborde, hizo la moción en el mismo momento que ingresaba a la sala Zuccardi acompañada de sus congresales: «Que se elija a Aníbal Ibarra presidente». Hubo murmullos pero todos levantaron la mano, al menos 98% de los representantes. Ibarra hizo un discurso crítico al gobierno nacional y lo aplaudieron hasta que se propuso un cuarto intermedio hasta el 23 de marzo.
Retiro
Los chachistas comenzaron a los gritos y se retiraron. Sólo se cumplió el trámite burocrático y un acuerdo subterráneo de nombrar a 12 provinciales en la mesa nacional y los otros nueve de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, más adelante, después que una comisión que piloteará Vilma Ibarra, hermana del jefe porteño, recorra el interior del país con reuniones con los dirigentes dispersos. Vitar criticó la suspensión del debate interno y la «legitimidad política de elegir sólo al presidente del partido». El tucumano consideró que el pase a cuarto intermedio «intentó evitar la declaración formal de autonomía partidaria del gobierno, con una metodología que nos retrotrae a las peores experiencias políticas».
Ibarra estaba de acuerdo con la elección de Cafiero pero, ante las negociaciones estancadas por el reparto de otros puesto y la lectura del documento, prefirió la postergación del debate para marzo. María América González abandonó a los gritos el recinto de deliberaciones. «Andate al ARI», le gritaron los ibarristas, mientras Vitar sostenía que «llegó a la presidencia partidaria de un modo que no hubiéramos querido, ya que su elección tuvo un soporte de sectores ligados al gobierno», dijo. Del otro lado le respondieron que «en Tucumán no llegás a 1% de votos». Ibarra nunca imaginó que en medio de esa puja arrebataría a Chacho los restos del Frepaso y consideró que era «imposible saldar en una tarde las diferencias políticas internas» que arrastra el partido y «conformar una mesa nacional que contemple los intereses de los distintos sectores» y pidió el receso de verano.
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