Aníbal Ibarra echó a rodar ayer un concurso de ideas en la reunión semanal de gabinete, para que cada secretario concrete un proyecto antes de las próximas elecciones nacionales.
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Los funcionarios le ofrecieron un surtido de propuestas que Ibarra quedó en «profundizar» personalmente con cada uno: desde un número especial para emergencias, hasta cambiar el Teatro Colón en una sociedad mixta, repartir subsidios a la PyMEs y poner un impuesto a la basura en los terrenos baldíos.
El jefe porteño quiere un plan de gestión por área de aquí a octubre, es decir, de cara a las urnas, con el afán de cumplir la oferta que tiempo atrás hizo a Fernando de la Rúa de mostrar a la Capital como vidriera de la Alianza. Era otro tiempo, claro, todavía no había renunciado, por caso, José Luis Machinea, y ni se esperaba el frepasista que Domingo Cavallo apuntalaría la campaña electoral de la coalición. Pero Ibarra parece decidido a dar pelea.
Puntualidad
Para arrancar con ese proyecto sorprendió a sus secretarios ayer por la mañana, cuando llegó con extrema puntualidad a la sala de reunión y sólo había dos funcionarios. El resto, acostumbrado a las demoras del frepasista recién se presentó a la media hora. Dicen que así quiere hacer frente a viejas críticas, que precisamente le había Gustavo Béliz durante la campaña en la que el ex ministro se postuló a vicejefe de Gobierno de la Ciudad con el actual ministro de Economía a jefe, pero que además trata de dar el ejemplo, por eso el fin de semana abrió un acto, dio un discurso y lo cerró, cuando todavía no habían llegado los funcionarios. Toda una didáctica. Ibarra empezó la ronda de consultas pidiendo planes y propuestas y recogió de las más diversas.
Por ejemplo Jorge Telerman innovó en la mesa con la idea de convertir al Teatro Colón en una sociedad del Estado, que los secretarios corrigieron. «No es una sociedad del Estado lo que vos querés, sino una empresa mixta», le acotaron para que quedara claro que la iniciativa va dirigida a privatizar una parte del teatro.
Reserva
Dicho al estilo de los funcionarios «con el concurso de capitales privados», donde el Gobierno de la Ciudad se reservaría la mayor parte, con la idea de que así estará mejor el teatro y las funciones saldrán más baratas, se redondeó para que tuvieran la palabra otros secretarios. Facundo Suárez Lastra, titular de Justicia y Seguridad, informó que la comisión que conforma con el Ministerio de Justicia de la Nación analiza la posibilidad de transferir a la Ciudad las causas que tomarían nuevos tribunales porteños vecinales. Alentó el secretario la idea de que la inauguración de la Justicia para resolver conflictos en consorcios o de medianeras podría redundar en votos, pero se esforzó porque atiendan más la letra de un llamado a licitación para implementar el llamado número único, mediante el cual se centralizarán todos los pedidos de emergencias de diversos tipo con un monitoreo de su atención.
Se prestó mucha atención allí al titular de Desarrollo Económico, Eduardo Hecker, quien propuso que para octubre «sería bueno que hayamos brindado todos los subsidios y créditos para las pequeñas y medianas empresas que estamos lanzando», ante la mira fija del radical Miguel Pesce, secretario de Hacienda, que se incomodaba en la silla porque cada uno de las ideas de sus pares se traducían en plata del presupuesto y, se sabe, es temeroso de desequilibrar las cuentas. Ibarra, en cambio, meditó que para llenar las urnas, no alcanzaba, a pesar de que pidió día y hora de los cortes de cintas que le ofrecían, y se retiró a pensar en una estrategia electoral.
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