Inesperado: CGT también rompe con Duhalde y pide "salariazo"

Política

No se esperaba que la carrera entre precios y salarios comenzara tan temprano. Pero la CGT dialoguista decidió ayer reclamarle al gobierno un aumento generalizado de salarios de 40%. También la suspensión del recorte de 13% en las jubilaciones y que el que se aplicó sobre los salarios públicos rija sólo para remuneraciones superiores a $ 1.000. Los gremialistas conocidos como "gordos" piensan, además, convocar a una asamblea para disponer medidas de fuerza contra el Presidente. Paradoja la de Duhalde: los inversores lo recelan por populista, pero tampoco los trabajadores lo aprecian.

Para la mirada externa, que suele simplificar los fenómenos, Eduardo Duhalde se convertirá en los próximos días en un espécimen raro: un populista al que los sindicatos repudian porque, según ellos, se inclina en favor de los empresarios. Esa es la conclusión que habrá que sacar una vez que la CGT dialoguista, la de los «gordos», desate sobre el Presidente designado una agresividad que no desarrollaron ni con el último Fernando de la Rúa. La ruptura, si es que alguna vez hubo acuerdo, comenzó ayer cuando en la sede del sindicato de gastronómicos, encabezados por Luis Barrionuevo, los principales dirigentes de esa central dispusieron varios cursos de acción:

•plain Hoy se entrevistarán con Alfredo Atanasof, ministro de Trabajo y sindicalista como ellos, para reclamarle un aumento de salarios que compense a los trabajadores por la devaluación. Le dirán palabras de Felipe González, publicadas ayer en el diario «El País»: «De los pactos de La Moncloa, que tanto se habla, lo único que quedó es la negociación de salarios por la inflación prevista, no por la pasada». Pretenden que Duhalde aplique ese método.

Mañana concurrirán a la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados para entrevistarse con su titular, Jorge Matzkin, y reclamar allí que se elimine el recorte de 13% a las jubilaciones. También que en el caso de los empleados públicos se mantenga el recorte, pero sólo para las remuneraciones que superen los 700 o los 1.000 pesos (anoche se discutía la cifra).

Los gremialistas se conjuraron para que dentro de 15 días se convoque el Comité Central Confederal para definir medidas de fuerza contra el gobierno.

Esta batería de protestas y obstrucciones se diagramaron en torno a la mesa que ocupaban ayer, en la sede de la Avenida de Mayo, Armando Cavalieri, Gerardo Martínez, Diógenes Salazar, José Pedraza, José Luis Lingeri, Reinaldo Hermoso y el jefe de la CGT Rodolfo Daer. También estaban los principales asesores laborales del grupo: Noemí Rial, Julio Aren, Jorge Tomassone, Mario Sáenz y la diputada Graciela Camaño, quien constituye con Barrionuevo un matrimonio «bicameral», como se bromeaba ayer entre los «gordos» (él es senador y ella diputada).

El motivo del encuentro había sido la revisión del articulado de la Ley de Reforma Laboral que se sancionó durante la gestión De la Rúa-Alberto Flamarique y que ganó fama por las denuncias de sobornos. El texto se tratará mañana en la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado que preside Barrionuevo y es probable que se deroguen todos los artículos que los gremialistas consideran agresivos, sobre todo los que prevén algún tipo de descentralización en la negociación de los convenios.

•Irritación

A poco de comenzado el conciliábulo, los gremialistas decidieron avanzar sobre toda su agenda política. Están irritados con el Presidente, a quien le reprochan: «Parecía que iba a hacer un gobierno peronista, pero finalmente terminó licuando la deuda de las grandes empresas por 20.000 millones de dólares y lo único que dedicó a los trabajadores es una baja de salarios de 40% por la devaluación», según dijo el dueño de casa. Martínez, combativo como pocas veces, consignó: «Nos quejábamos de Menem, pero Duhalde aumentó en un mes la deuda muchísimo más que el 'Turco' y va a provocar la extranjerización de todo porque acá van a comprar por dos pesos no sólo las empresas, también las casas».

Parecían macroeconomistas estos jerarcas de sindicato, hasta que Daer «mostró la hilacha» de sus preocupaciones más severas: «Acá hubo una fiesta a la que no nos invitaron. Además el sistema de salud está quebrado, a las obras sociales nadie les quiere licuar una moneda, la Superintendencia de Salud nos debe 200 millones y los bonos que nos dieron no sirven ni para pagar impuestos nacionales».

Resultaba increíble ayer la irritación de los capitostes de la CGT, en general componedores, sobre todo si se la compara con la mansedumbre de Hugo Moyano: al otrora implacable camionero le sedaron los nervios y todos lo atribuyen a que le concedieron la Secretaría de Transporte para uno de sus hombres, Guillermo López del Punta (se hizo famoso en la Bicameral de Privatizaciones del Congreso por el transporte de caudales, especialidad que lo habría habilitado para su nueva función).

La furia desencadenada ayer por los sindicalistas sorprende y abre una incógnita sobre el duhaldismo: nadie sabe allí si no es anticipatoria de una crisis más general del PJ con el gobierno. Hubo ya otras señales de disidencia: las dificultades para cerrar el presupuesto, las críticas de José Manuel de la Sota a la devaluación, la sublevación de legisladores por la eliminación de la promoción industrial. Sin embargo ayer el enojo de los «gordos» parecía limitarse a los intereses gremiales, sobre todo los de las «cajas», las obras sociales.

Es cierto que la relación de Duhalde con esta CGT nunca fue aceptable. En plena campaña presidencial de 1999 los sindicalistas tradicionales lo desairaron apoyando a Antonio Cafiero en la interna bonaerense -pidieron la cabeza de Carlos Ruckauf como candidato a gobernador-y realizando señales amistosas y reuniones secretas en favor de De la Rúa. Más aún, durante el gobierno del radical los gremios dialoguistas jamás cortaron el diálogo, algo que recordaron ayer: «Al final, comimos cuarenta veces con el 'Vikingo' (Chrystian) Colombo y no nos sirvió de nada» lamentó Cavalieri.

Ya en el gobierno, los encuentros fueron esporádicos y hubo gestos adversos. Por ejemplo, la citación a Patricia Bullrich para que asumiera alguna responsabilidad en el área social. Si los gremios lo evitaron fue gracias a la complicidad de José Pampuro, el secretario privado del Presidente, que les avisó y de ese modo les permitió amenazar con una guerra declarada. No debería extrañar que ahora, en medio de esta nueva batalla, Duhalde vuelva a pensar en la ex ministra de Trabajo que tanto los enfrentó. Por lo menos ayer se hablaba en la Casa de Gobierno de la posible designación de una mujer en el área de Acción Social.

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