18 de septiembre 2003 - 00:00

Inmunidad para EEUU: la metamorfosis de Kirchner

El debate sobre la inmunidad que se les otorgará a las tropas del ejército de los Estados Unidos para que participen de los operativos Unitas y Aguila III carece de encanto para cualquier desentendido en cuestiones burocráticas. Se vuelve muy atractivo, en cambio, cuando se advierte que la discusión refleja la metamorfosis del gobierno actual desde sus ínfulas inaugurales, tercermundistas, hasta el estado actual: el de una «relación madura» con Washington que a veces parece superar en pasión a las ya muy ardientes «relaciones carnales» de las que se vanagloriaban Carlos Menem y Guido Di Tella.

Lo concreto: la semana que viene, Néstor Kirchner estará en los Estados Unidos, con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con la expectativa de entrevistarse con George W. Bush (hasta anoche sólo estaba previsto que participaría de la gala que ofrecerá el presidente norteamericano a sus colegas). Para esa oportunidad, el Presidente quiere que esté garantizada la inmunidad de las tropas enviadas por el Pentágono. La urgencia no se corresponde con el primer tratamiento que el gobierno le dio a esa pretensión. De allí el problema, que llevó ayer al canciller y a José Pampuro (ministro de Defensa) a dar explicaciones ante las comisiones de Defensa y Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados.

Al poco tiempo de asumir en el gobierno, Bielsa y el resto del gabinete aclararon que, a diferencia de lo que había sucedido hasta ese momento, las tropas norteamericanas que ingresaran en territorio nacional sólo gozarían de una inmunidad «funcional», es decir restringida a los eventuales delitos cometidos en el ejercicio del cargo público que se ocupa. Enseguida, preparó un proyecto para enviar al Congreso, que sería el encargado de aprobar el régimen de protección.

El canciller introdujo dos innovaciones. Por un lado, le abrió el juego al Congreso, algo que no había sucedido nunca anteriormente para este tipo de trámites. Lo que se estiló hasta entonces fue que las cámaras aprobaran el ingreso de tropas y que fuera el Ejecutivo quien, con un acto administrativo ordinario, comunicara al país que enviaba los efectivos el tipo de tratamiento que tendrían desde el punto de vista judicial. Así se hizo a lo largo de los años.

• Concepto novedoso

Por otro lado, Bielsa incorporó otra novedad. El concepto de inmunidad «funcional». Como si el resguardo se limi-tara a determinados hechos y no cubriera toda la actividad de esos soldados durante el tiempo en que estuvieran desempeñándose en el país. Daba la impresión de que esta postura resultaba más independiente y digna respecto de los Estados Unidos y, a la vez, más coherente con las actitudes que venía defendiendo desde hace años en el Congreso. Los diputados y senadores peronistas se entusiasmaron en su momento con la posibilidad de embanderarse en estas virtudes.

Primero fue la visita de Colin Powell, más tarde el viaje de Kirchner a Washington; finalmente, la negociación con el Fondo Monetario Internacional, en la que el aval de los Estados Unidos fue decisivo: ésos fueron los hitos de la metamorfosis del proyecto del gobierno. Ya en el despacho de Carlos Zanini, secretario Legal y Técnico y principal asesor de Kirchner en materia institucional, se modificó el texto de Bielsa (a Zanini le encanta jugar torneos de abogacía con el canciller). Fue la versión de la Casa Rosada la que se envió al Congreso. Desde Relaciones Exteriores, por cuerda separada, se envió una notificación pidiendo que se adopte el criterio del Tratado de Viena sobre ingreso de tropas extranjeras en un país.

• Entusiasmo

Inocente, ascéptica, la recomendación de Bielsa volvía a poner las cosas dentro de su antiguo orden: ese tratado supone la inmunidad total para las tropas. Lo mismo que se venía concediendo, sin estridencias, desde hace años. Sólo que ahora, la sobreactuación inicial del gobierno y la necesidad de girar después en el aire para satisfacer la pretensión norteamericana hacen ostensible lo que antes pasaba de manera anodina. Los diputados peronistas ahora sólo quieren votar «inmunidades funcionales», entusiasmados con un concepto que Bielsa ya considera equivocado e inexistente en el derecho internacional. Por eso hicieron falta ayer dos llamados de Néstor Kirchner, a Eduardo Camaño y a José María Díaz Bancalari, para que aprueben la ley sin restricciones. Hay urgencia por el viaje, como se vio ayer, cuando el Senado aprobó por unanimidad una ley sobre patentes medicinales tal como la venía reclamando el gobierno de los Estados Unidos.

Este diario había adelantado ya en la edición del 3 de julio pasado que el gobierno daría inmunidad a tropas extranjeras sobre la base de un proyecto de Jorge Taiana (h) que el canciller Rafael Bielsa le adelantó por teléfono a Colin Powell.

Bielsa intentó ser elegante ayer, escoltado por Camaño y por Díaz Bancalari (amargado por la suerte de su amigo Jorge Rampoldi en Migraciones), cuando visitó la Cámara. Cola-boró poco con él Pampuro, quien en un arranque de since-ridad confesó: «Si no sacan esta ley, las tropas no vienen». Jesús Rodríguez no se perdió la gaffe: «Ministro, el canciller acaba de decir lo contrario». No hablaba sólo de las norteamericanas: hay 100 chilenos, 110 brasileños y 80 bolivianos que aguardan en los cuarteles la señal argentina que les permita ingresar al país para las maniobras conjuntas.

Bielsa fue simpático ayer en el Congreso. Reconoció que, a esta altura, estaba pidiendo algo innecesario: que ya el Ejecutivo tiene las facultades para conceder la inmunidad. «Pero si yo los autorizo ahora, es probable que desde las cámaras me pongan problemas», acotó. En la oposición radical no están dispuestos a objetar con demasiado énfasis lo que terminará siendo el ritual de práctica. Apenas habrá alguna disidencia técnica en el dicta-men. Al menos es lo que se desprendió ayer de la posición de Marcelo Stubrin. El problema, como suele suceder, sigue estando en el PJ. Bielsa se retiró del Congreso dejando al oficialismo atribulado. Es que no sólo tendrían que aprobar un proyecto que creen menos simpático que el original; además, el kirchnerista Gerardo Conte Grand (Grupo Pelícano) presentó ayer otro texto, en el sentido que le había dado a la inmunidad Bielsa en un comienzo y que ahora quiere abandonar.

Dejá tu comentario

Te puede interesar