Un Congreso que no trabaja últimamente más que para sancionar leyes que ordena el Poder Ejecutivo escuchó ayer de Néstor Kirchner el discurso inaugural de las nuevas sesiones ordinarias, después de que las de 2005 fueran las de menor actividad legislativa desde el regreso de la democracia en 1983. Nada indica que el gobierno pretenda este año cambiar esa modalidad. A pesar de los éxitos que obtuvo, como la sanción de reforma al Consejo de la Magistratura y prórroga de emergencia pública, no es Kirchner un presidente que acepte las negociaciones parlamentarias. Por el contrario, nunca ocultó que le molestan. No se puede olvidar que, fuera del marco festivo que se quiso dar ayer al discurso presidencial, en 2005 el Presupuesto votado por el Congreso se ejecutó con 20% de los fondos por fuera del control parlamentario, lo que ha empezado a repetirse en el primer bimestre de este año. Kirchner abundó ayer en datos estadísticos sobre sus logros económicos. No quiso prometer desocupación de un dígito, aunque invocó a Dios para que eso suceda a fin de 2006 y dejó como máximo anuncio del día el pedido a Tabaré Vázquez que había anticipado el fin de semana anterior: que suspenda por 90 días -como si el uruguayo pudiera hacerlo por una ordena empresas, como ocurre a veces en el despacho de la Casa Rosada- la construcción de las papeleras. La respuesta no demoró desde Montevideo: «Es un pedido impertinente», dijo el vicepresidente de Tabaré.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pocos temas quedaron afueradel mensaje presidencial, pero salvo la mención al caso de las papeleras, no hubo sorpresas en el recinto de Diputados donde sesionó la Asamblea Legislativa. Informate más
Dejá tu comentario