Insistió la UCR en votar interna con padrón diferenciado
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de la deuda) y establecer el programa social más ambicioso de Sudamérica (Jefes y Jefas de Hogar con 2.000.000 de beneficiarios)».
Claro que ni siquiera para los duhaldistas más fanáticos esto alcanza como para ensayar un pase a la arena electoral, que requeriría más tiempo.
gracias a las disparatadas reglas de juego que se impusieron para esos comicios.
•Intolerables
Las internas que hoy conspiran contra Duhalde ya resultaban intolerables para el resto de los candidatos. Al Presidente lo complican porque su candidatura no ha madurado todavía. Pero a los demás estas elecciones los agredían por otra razón y es que nadie cree que pueda haber «fair play» en una elección a la cual uno de los competidores concurre en posesión de los recursos que ofrece la maquinaria electoral bonaerense y el Estado Nacional.
Por primera vez estos dos dispositivos están en las mismas manos, es decir, por primera vez en la historia quien controla el aparato de la provincia de Buenos Aires ocupa también la Presidencia de la Nación. Ahora se comprueba el desequilibrio que supone esa acumulación, de la que el país siempre se quiso preservar. Uno de los más gravitantes gobernadores del interior del país lo expuso así ante un periodista de este diario cuando se discutía la convención constituyente de 1994: «Ubicar a un peronista de Buenos Aires en Olivos supone concentrar tanto poder en un solo punto que nuestros nietos estarán siendo gobernados por los nietos de ellos dentro de 40 años».
Esta sola anormalidad, por la cual el gobierno nacional volcaría todo su peso en un candidato ostensiblemente «favorecido» como De la Sota (esta exhibición de parcialidad acaso haya sido un salvavidas de plomo para el cordobés), era suficiente para que no se realice la interna del 24 de noviembre en el PJ y la mayoría de los candidatos decidiera competir por fuera de la estructura partidaria.
Pero el gobierno decidió agregar otra aberración, agresiva para todos los partidos, como hicieron notar los radicales que vieron a Matzkin anteayer: la interna abierta, obligatoria y simultánea se realizaría con el padrón general y no con padrones en los que estuvieran discriminados afiliados a cada partido y ciudadanos independientes. «Nosotros no podemos tolerar que nos obliguen a esto por el antecedente que supone. Este año ustedes tienen varios candidatos y ningún jefe. Pero el día que tengan un jefe y un solo candidato, es decir, que no tengan interna, ese día sí el PJ se va a volcar de lleno a la interna de cualquier otro partido para forzarla en la dirección que más le convenga» se quejó Pascual delante de Matzkin, quien moviendo la cabeza debió admitir el argumento. Los radicales le recordaron a Matzkin que cuando ellos libraron la interna de 1998 entre Fernando de la Rúa y Graciela Fernández Meijide, lo hicieron con padrones que incluían a afiliados de la UCR y el Frepaso e independientes. «¿Por qué no se pueden entregar esos padrones ahora?» preguntaron, casi irónicamente. Ellos saben que esos listados están inflados, sobre todo en el caso del duhaldismo bonaerense, que controla el congreso partidario sobre la base de esa exageración (la cuestión fue motivo de pleito judicial en 1998-99 y los jueces no pudieron ponerse de acuerdo sobre la cantidad de afiliados del PJ en la provincia).
El gobierno intentó corregir ese problema, empeorándolo. Propuso prohibirle a los afiliados a un partido que no realiza internas intervenir en la elección de otro partido. En cambio si alguien pertenece a una fuerza que tiene internas, eso le da el derecho de participar en la competencia ajena. Un disparate de esta naturaleza no se explica en la falta de capacidad técnica de quien lo propuso; más bien revela que no se quiere solucionar el problema y que el empantanamiento de la interna no es un accidente sino un objetivo.




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