Intelectuales temen ahora prensa "destituyente"

Política

Se acordó tarde el partido de los intelectuales -un listadode apoyos y repudios que circula desde hace un par de décadas entonando la indignación moral ante el resto de la sociedad-de que los gobiernos Kirchner han ejercido desde 2003 una comunicación caracterizada por «la soledad enunciativa», es decir, por el uso y abuso de los discursos desde el Salón Blanco y algún otro escenario como única forma de dirigirse a la sociedad.

Un grupo de intelectuales -entre ellos varios abonados al monopolio «Clarín», que hasta ahora los ha considerado sus ídolos culturales-dio una carta abierta en la que denuncia que el gobierno, desde 2003, ha sido poco feliz al no buscar un debate con el resto de la sociedad sobre lo que había. Un gobierno que construyó su publicidad en sociedad con el monopolio y sus seudópodos, que le escribieron a gusto lo que querían los Kirchner, pero que ahora se ha quedado sin bocina porque -sin decir por qué al público-quebró esa sociedad.

Ahora descubren estos quejosos que hay un clima « destituyente que ha sido considerado con la categoría de golpismo» en la prensa. ¿A qué están llamando? ¿A que el gobierno reaccione contra los medios como si le quisieran hacer un golpe de Estado?

No es nueva la tentación fujimorista en algunos asesores del gobierno, que aconsejan a los Kirchner aventurarse en un plebiscito revocatorio, a lo Chávez o a lo Evo. Como en Olivos lo que más se consume son las encuestas, la respuesta que reciben es que hoy el gobierno podría perder ese plebiscito.

El monopolio y éstos, sus ídolos (hay novelistas, periodistas, actores, poetas, varios funcionarios y voceros, cineastas, opinantes multitarea), colaboraron con esa forma de comunicar del gobierno con recitados unidireccionales a uno o dos micrófonos, sin reportajes ni repreguntas -salvo a sus socios-, sin conferencias de prensa, sin darle participación de las decisiones salvo a un grupo íntimo de entornistas y empresarios, beneficiarios y amigos que pudieron tomar ventaja de esa relación respecto del resto de la sociedad. Participación sólo para ellos; para los demás, el Boletín Oficial y la prohibición de informar de los proyectos en la etapa de su elaboración, que es cuando -por la mediación de la prensa-puede el público incidir en el resultado de los actos de gobierno.

Esa clausura de la participaciónde la que se quejan los intelectuales oficialistas no comenzó ahora sino que viene desde el 25 de mayo de 2003, cuando Néstor Kirchner les prohibió a sus funcionarios mantener charlas off the record con los periodistas. Lo continuó Cristina de Kirchner cuando el mes pasado suspendió en París una rueda de prensa con periodistas argentinos y la reemplazó por un reportaje exclusivo con la modelo Naomi Campbell. Jamás estos quejosos, con la ciencia y conciencia de la que alardean ahora, habían abierto la boca.

La larga carta, plagada de espesuras argumentales, lamenta que los medios concentrados han instalado en la Argentina una «barbarie política diaria de desinformación y discriminación», que consiste en «la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva». Es decir que critican al gobierno. ¿Quiénes, si no estos intelectuales abonados hasta ahora al monopolio, ayudaron a construir esa concienciareactiva, con el silencio ante el atropello sobre el debate que representaron cinco años y medio de Salón Blanco y monólogo presidencial?

La insinceridad de los intelectuales que sienten asfixia lejos del poder no es nueva; este testimonio conmueve porque los exhibe descontrolados por esta pelea entre el gobierno conservador, que halaga a la izquierda, y el monopolio que les da fama y dinero. Creen que perderán seguramente padre y madre en una pelea que sufren, como los hijos, el divorcio de sus mayores.

Esa insinceridad les hace desenfundar la amenaza de la censura de esos «mensajes reactivos», que en el fondo están reclamando. Sólo se vio antes en el país algo parecido: cuando los militares creyeron -gramscianos a la reversa-que si prohibían los mensajes prohibían la realidad. Vetaron nombres, libros, lemas, identidades, construyeron un nuevo tipo delictivo: los delincuentes intelectuales -algunos de los firmantes de la carta sufrieron persecución y exilio por aplicación del mismo método-.

Setentistas hasta en la semiologíaque atrasa, afirman que los medios que critican al gobierno «estructuran diariamente 'la realidad' de los hechos, que generan 'el sentido' y las interpretaciones y definen 'la verdad' sobre actores sociales y políticos desde variables interesadas que exceden la pura búsqueda de impacto y el rating (además, escriben ' raiting' porque no ven mucha TV)». Una exagerada confianza que no tienen quienes hacen medios en una trama social más compleja y sofisticada que la que expresa esta simplificación de CBC.

  • Prudencia

    Debieron aplicar a este problema quizás menos ciencia y más prudencia. El gobierno Kirchner se instaló en el poder en 2003 con un magro apoyo electoral (venía de perder en las urnas, asumió en la AFA); en ninguna de las elecciones a las que se presentó desde entonces superó 30% de los votos calculados sobre el total del padrón. Ante esa debilidad que lo ponía al borde de la ilegitimidad, Kirchner usó el método de deslegitimar desde el gobierno a todos los foros de discusión de políticas. Es decir, a quienes podían hacerle reproches a su legitimidad. Por eso gobernó cuatro años, y lo sigue su esposa, ignorando no sólo al Congreso, el principal foro de discusión política en una democracia. Buscó también deslegitimar a la prensa, a los partidos políticos, a las organizaciones empresariales, a los sindicatos libres (no a los rentados, como la CGT de Hugo Moyano, subsidiada y con una porción de cargos públicos), las cumbres de IDEA, el CARI; hasta las cumbres de presidentes merecieron el método de la deslegitimación.

    El objetivo era restarles credibilidad y participación en el debate, también en la construcción del relato, a quienes podían echar sombras sobre la credibilidad y legitimidad política del gobierno. El resto de la carta es fantasía política: que el sector del campo es la cabecera de playa del gobierno de Estados Unidos, que quiere ejercer sobre los Kirchner -su mejor amigo de la región-lo que le hace ya a Lula da Silva (otro buen amigo de los Estados Unidos), a Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa. Ya usó el gobierno el mismo reproche con el caso del valijero; debieron recordarlo estos intelectuales para no provocar más risa.

    Aquí un seleccionado de firmas de estas viudas del monopolio, de pluma rápida pero de memoria lenta: Federico Andahazi, Eduardo Anguita, Ricardo Bartís, Tristán Bauer, Jorge Bernetti, Fernando Birri, Jorge Boccanera, Rodolfo Braceli, Leopoldo «Teuco» Castilla, Nicolás Casullo, Patricio Contreras, Roberto «Tito» Cossa, José Pablo Feinmann, León Ferrari, Juan Forn, Ricardo Forster, Daniel Freidemberg, Norberto Galasso, Octavio Gettino, Horacio González, Eduardo Jozami, Tamara Kamentzain, Maggie de Koenigsberg, Fortunato Mallimaci, Guillermo Martínez, Salo Pasik, Lila Pastoriza, Eduardo «Tato» Pavlovsky, Lorenzo Quinteros, Guillermo Saavedra, Guillermo Saccomanno, Silvia Sigal, Miguel Talento, Horacio Verbitsky, David Viñas, etcétera.
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