Intentan restar efecto político de viaje de Kirchner a Venezuela
Néstor Kirchner inició anoche un viaje de 24 horas a Caracas que el gobierno intenta limitar a una agenda de negocios sin efecto político. Para hacerlo subió al avión a empresarios que llevan inversiones que hubieran hecho sin necesidad del marco oficial. Pero Chávez le pone esa funcionalidad política que Kirchner niega: dijo que convocó al argentino a hacer un balance de la cumbre e insultó a George W. Bush como «genocida, asesino y loco». Está en campaña para elecciones en su país -parlamentarias el 4 de diciembre- y echa mano de todo. Ese Kirchner que le resta efectos políticos al viaje -los puede tener porque perjudica más la relación con México y EE.UU. en montos que pueden superar las ayudas que le acerque Venezuela- es el mismo que viene de turbulencias con la Iglesia, la operación Borocotó y la suspensión de Ibarra. ¿Entrará este viaje en la lista de los desaciertos?
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Alberto Fernández
Alberto Fernández no quiso ampliar detalles sobre el megagasoducto de cuya construcción informó este diario y que confirmó el sábado por radio «Del Plata» Julio De Vido. Los dos ministros saben que se trata de un proyecto que debe superar varios escollos: es una obra multinacional que no se puede resolver en una mesa de café entre dos de los muchos países que debe atravesar; Venezuela no es país productor gasífero -tiene gas como producto de la extracción del petróleo- y una obra que una a Venezuela con la Argentina se justificaría si se confirmasen las presunciones sobre reservas hoy en exploración; su tamaño y características deberían confrontarse con otras formas más baratas de transporte; buscar el financiamiento y los acuerdos necesarios para cumplir con normas ambientales cada día más rigurosas y que suelen encarecer y entorpecer a los gasoductos que se construyen en todo el mundo. Esta concentración en los negocios parecen entenderlo algunos opositores a Chávez, que en Venezuela están usando como argumento de campaña que su presidente en realidad es un títere del cual se están aprovechando hombres como Kirchner o Fidel Castro para beneficiarse de la bonanza petrolera de ese país pero con proyectos propios.
El uso proselitista de estos estereotipos no es exclusividad de nadie. Hay quienes en el gobierno insisten en que todo el libreto que actuó Kirchner en la cumbre de Mar del Plata no fue otra cosa que el lanzamiento de su campaña a la reelección. De ahí su insistencia en halagar a la agenda que agitaban Maradona y Chávez contra Bush y el FMI, demonizados por las encuestas que lee el presidente.
Frente a las efectividades electorales cede cualquier principio y cualquier programa de gobierno, como lo demuestra el doctor Borocotó, que sigue dándole lecciones al público desde la TV.
• Descuidos
Por eso este viaje de mutuo uso electoral descuida otras constancias. Como por ejemplo que el fin de semana que pasó en la ciudad surcoreana de Pusan, aprovechando la celebración de la Cumbre del Foro Económico de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), los presidentes Vicente Fox, Alejandro Toledo, Ricardo Lagos y George W. Bush anunciaron un nuevo compromiso para hacer avanzar el ALCA con aquellos países que lo quieran.
En esa misma ciudad, Lagos firmó con el mandatario Hu Jintao un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Chile y China. EE.UU., Canadá, Chile, México y Perú son los únicos países de América que forman parte de la APEC, una liga de naciones que integran 21 economías que se recuestan sobre el Océano Pacífico y que suman cerca de 60% del PBI mundial y más de 50% del comercio global.




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