Interna radical también ayuda a apurar poderes para Cristina
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A las 15 del miércoles, el oficialismo convocó a una reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria para acordar los temas de la sesión. La lista de temas quedó encabezada por la derogación de los tickets y al final aparecían la Ley de Emergencia y la nueva Ley de Ministerios. No puede decirse que esas inclusiones fueran ilegales, pero sí una interpretación sui géneris del reglamento de la Cámara: ninguno de los dos proyectos existían en ese momento y de hecho ayer a la mañana el proyecto de cambios para el nuevo gabinete que jurará el 10 de diciembre ni siquiera había ingresado al Congreso.
Esos detalles no importaron: a la noche ese Plan de Labor fue aprobado en el recinto por todos los partidos y ambos proyectos quedaron habilitados.
Lo curioso es que la mayoría de los radicales presentes no tenía ni idea de la inclusión de la Emergencia Pública en el listado. Ese día el rionegrino Fernando Chironi, jefe del bloque radical, no pudo concurrir a la reunión de Labor Parlamentaria. En su lugar concurrió la santafesina Alicia Tate, esposa de Luis «Changui» Cáceres, el dirigente radical de esa provincia que supo liderar una columna de la famosa Junta Coordinadora Nacional y que en las últimas elecciones se enfrentó con Gerardo Morales por no apoyar a Roberto Lavagna en su provincia e ir con lista propia.
Tate salió esa tarde de la reunión con el resto de los presidentes de bloque y al parecer o no le comunicó su jefe en la bancada radical sobre la inclusión de la Emergencia, o existió algún teléfono descompuesto.
Así, por la noche, mientras los radicales alardeaban amenazando con retirarse del recinto si el kirchnerismo osaba forzar una votación para habilitar el tratamiento de la Emergencia, no sabían que minutos antes habían levantado la mano para aprobar el debate de un listado de proyectos que ya la contenía.
En el ARI, y algunos diputados del radicalismo además de Tate, si se conocía la inclusiónde la Emergencia en el temario. Pero jugó aquí otra trampa del kirchnerismo: pensaron que se trataba del proyecto que el Senado no pudo aprobar y no del clon que Rossi presentó en Diputados para acortar los tiempos.
La diferencia, imperceptible para un iniciado, es clave: el pase de proyectos de una cámara a otra significó el garantizarle o no a Cristina de Kirchner la votación de la ley a tiempo para que ella no tenga que pagar ese costo político. Casi como el último regalo de su marido para el próximo gobierno.
La maldad de las lenguas que circulan por los pasillos de Diputados sostiene que toda esa movida que involucró al radicalismo de Santa Fe no es inocente. La relacionan, inclusive, con un enfrentamiento que tendrá hoy «Changui» Cáceres con Gerardo Morales cuando se discuta la renovación de la jefatura del radicalismo.
Cáceres, después que la UCR provincial eligió armar un frente con Hermes Binner, presentó una lista aparte que salió en cuarto lugar, una estrategia que despertó sospechas en el radicalismo por haber sido funcional al kirchnerismo. De hecho su esposa, Tate, no renovó su banca por haber jugado con esa lista aparte.
El santafesino llegará a Buenos Aires, además, con los anteriores delegados al Comité Nacional que no fueron renovados y que algún dirigente quiere cuestionar. En el Comité Nacional de la UCR no dudaron en relacionar esa crisis con el extraño comportamiento de su esposa en el bloque. Así pareció que «el Changui» ya no avanza por América latina, como decía la consigna de su sector a principios de los 80, sino que avanza por los pasillos de Diputados.



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