30 de mayo 2007 - 00:00

Internas (algunas feroces) en desacomodada Magistratura

Pasaron varios meses desde su refundación, pero el Consejo de la Magistratura tarda en reacomodarse. Hay peleas silenciosas y otras no tanto. La habitual está protagonizada por el diputado Carlos Kunkel con el secretario general Pablo Hirschmann.

El último episodio que alentó enojos fue la decisión de la Corte Suprema de disponer un aumento salarial para funcionarios y empleados del Poder Judicial de 17,4%.

Además de incorporar a los empleados meritorios que a partir de 1 de junio cobrarán un sueldo algo superior a 1.000 pesos durante tres meses para luego elegir a aquellos que ingresarán a la planta permanente.

El plan inicial no contemplaba la intervención de la Corte Suprema en el espinoso tema salarial. La discusión era timoneada por el consejero y representante de los abogados Santiago Montaña, presidente de la Comisión de Paritarias. La negociación aparecía encaminada hasta la intervención de los jueces supremos. Al parecer a Montaña «lo pasaron por arriba».

En rigor, el manejo del presupuesto judicial no es algo que le competa a la Corte Suprema. Debía, entonces, ser el Consejo el que decidiera sobre el aumento salarial y así lo estaba haciendo a través de la Comisión de Paritarias.

Sin embargo, el supremo tribunal se metió y cerró la discusión salarial haciendo algunas piruetas supuestamente desconocidas por algunos miembros de la Magistratura: habló con el jefe de Gabinete y acordó el desembolso de una partida de dinero para efectivizar a los meritorios y pagar el aumento salarial. Consultó a la Asociación de Magistrados y a un par de consejeros. Todos dieron el sí.

En la «cadena de traiciones» también participó el gremio de Julio Piumato, que luego de instalar una carpa, de hacer un ayuno de 11 días y de ladrar contra Sus Señorías, pasaron a poner cartelitos que rezan: «Triunfó la dignidad en el Poder Judicial, ya no hay esclavos», en relación a los meritorios que trabajan sin percibir sueldos y sin obra social.

El sindicato judicial mostró así su satisfacción por la decisión de la Corte de tomar el toro por las astas y validar todo el reclamo gremial.

Dicen que Piumato jugó una doble estrategia. Primero hablando con Montaña y luego pactando con la Corte. En definitiva, lo que procuraba evitar era pelearse con el gobierno de Kirchner.

Del lado del abogado Montaña acusan un pacto tripartito: Corte-jueces-Ejecutivo. Sostienen que en realidad la intención siempre fue la de aumentarse los sueldos a ellos mismos.

Ahora, Montaña, a escondidas, llora lamentos.

Pero no es el único que padece el malhumor. También hay recriminaciones para su colega Pablo Mosca. Los abogados (los que viven en el centro porteño) están enojados por su incorporación a la «familia judicial». También lo está el kirchnerismo.

Mosca es el actual presidente de ese cuerpo colegiado, elegido por el oficialismo que ahora se arrepiente de esa maniobra que le quitó el puesto al juez Luis María Cabral.

La tropa del diputado Kunkel se enfureceporque el secretario General del Consejo,-Pablo Hirschmann, con su tinte intelectual académico, consigue de Mosca todo lo que se propone. Por ejemplo, habría logrado ascender al puesto de secretario letrado a un funcionario que hace 8 años era oficial mayor de la Corte. El flamante secretario tendrá que atender las oficinas transferidas, tarea no poco complicada, pues éstas implican ocuparse de las direcciones de notificaciones, mandamientos, archivo y de subastas judiciales.

Por si esto fuera poco, Hirschmann, tras el alejamiento de otra secretaria letrada habría conseguido -por las bondades del presidenteel ascenso de varios de los empleados de la Secretaría General y de la Oficina de Auditores.

Una muestra de que Mosca no es tenido en cuenta como corresponde es lo que ocurrió el jueves pasado cuando la Corte resolvió por acordada un aumento a los judiciales, el ingreso de una parte de los meritorios y los 200 pesos de retroactivo que se deben desde el año pasado. La acordada mencionada señalaba que había sido consultado el Consejo. Sin embargo, el interlocutor de esos pedidos de opiniones habrían sido Cabral y Marcela Losardo como representante del Ejecutivo. De Mosca no se dijo nada y si fue consultado no apareció en la foto junto a la Corte Suprema.

La preocupación pasa ahora por consolar a Hirschmann por el pedido de sumario formulado por Kunkel por la supuesta «retención» de un expediente de 2006 sobre una denuncia contra el juez Luis María Bunge Campos, hoy integrante del Consejo.

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