El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El primer problema que justificaba anoche cierta desazón oficial fue el cortocircuito que estalló en el sistema de decisión presidencial. La pretensión de ejercer un control directo en todas las listas que representen al oficialismo demostró limitaciones severísimas. Por un lado, porque se trató de una pretensión ilusoria: era imposible suponer que Kirchner, apenas acompañado por Alberto Fernández, tendría la capacidad necesaria para un armado federal que terminó transformándose para ellos en un laberinto endiablado. Ni siquiera se puede pretender que conozcan el número de dirigentes necesarios para completar esta tarea, cuando ninguno de los dos tiene un recorrido demasiado extensoen la profesión. Por eso se sirvieron de las habilidades de Juan Carlos Mazzón, quien ya tributó su conocimiento del PJ del interior, con dispares resultados, a Carlos Menem y a Eduardo Duhalde.
Habrá que ver cómo les va a estas formaciones kirchneristas en las elecciones de octubre. No le vendría bien al gobierno que, allí donde decidió ofrecer listas excluyentes, se lo mida por la performance ofrecida por esas vertientes propias.
Sería una picardía tan inverosímil como la de sumar a todas las especies del PJ para presentar el resultado como un plebiscito apócrifo.
Estas peculiaridades de la ingeniería electoral de Olivos llaman la atención aun sin detenerse en fenómenos verdaderamente inquietantes como los que suceden en la Capital Federal, Santa Fe o Buenos Aires. En el primer distrito, el gobierno gastó una energía sorprendente para hacer el lifting de un PJ que ahora queda oculto tras una lista de extrapartidarios, como la que encabezan Rafael Bielsa y la neodesarrollista Mercedes Marcó del Pont. El canciller aporta su propia excentricidad y manifiesta postularseno porque le guste, sino porque cumple órdenes.
En Santa Fe, el panorama es más dificultoso todavía para Kirchner. Allí la hermana del canciller ni siquiera cumple órdenes. Horacio Rosatti, el ministro de Justicia, aclara que jamás se bajó de una candidatura a la que sólo lo subieron las operaciones de prensa nacidas de la gobernación provincial. Resultado: Kirchner carece de candidato en el tercer distrito del país. Alberto Fernández lanzó la última bengala hacia la transversalidad elogiando a Hermes Binner ayer, pero el socialista ya dijo que «el proyecto de Kirchner es hegemónico» y, por lo tanto, ajeno.
Dejá tu comentario