Intocables, operaron al amparo de los Kirchner
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El resultado fue inmediato: rehusó cualquier negociación -aunque envió, como delegado, a Sergio Shocklender- con la amenaza de quedarse apostada en la Catedral hasta que, finalmente, le destraben los fondos que retenía el Banco de la Ciudad.
En el tumulto, Gabriela Michetti, vicejefa del Gobierno porteño, reaccionó y habló de «privilegios» de Madres en el uso de los recursos oficiales. El término fue usado por el organismo y el gobierno para descargar sus fusiles contra la dirigente macrista.
Es cierto que en ocasiones tuvo gestos autónomos. Su acompañamiento a Jorge Telerman en contra del candidato oficial, Daniel Filmus, o las críticas recurrentes a los intendentes del conurbano, duhaldistas devenidos en hiperkirchneristas.
Como contracara, tuvo un trato preferencial en la asistencia financiera para sus planes de vivienda. Todavía resuena la queja de piqueteros K respecto de demoras, en algunos casos de meses, en los pagos. Bonafini tiene más suerte: sin tardanza, le depositan los fondos.
Es más: no sólo la política de DD.HH. que inició Kirchner y promete continuar Cristina Fernández satisface a la jefa de la fundación. La asistencia monetaria del gobierno nacional le permitió emprender proyectos inmobiliarios impensados en otros tiempos.
Pero la influencia es mayor. De hecho, mañana Madres de Plaza de Mayo desembarcará en la ex ESMA para avanzar con la reconfiguración de ese complejo militar que fue centro de torturas y detenciones. Tienen su eslogan: «Pintar de vida donde reinó la muerte».
El predio -que «abrió» Kirchner en marzo de 2004- será reconvertido en un centro cultural que Bonafini planea usar para la formación política.




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