Inútil polémica entre gobierno e Iglesia por índices de pobreza
Un coro del oficialismo, encabezado por Cristina de Kirchner, salió ayer a descalificar expresiones de la Iglesia sobre un aumento de la pobreza. Absurdo desgaste -uno más- en discutir números poco creíbles. Daría más rédito si esa energía se la aplicase a emprender medidas concretas para reducir 20,6% de pobreza, un número que, aun maquillado, es alto.
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El ministro del Interior quiso darle una clase de trabajo social a Casaretto y opinó que «quienes trabajan codo a codo con los sectores más humildes de la sociedad no deben ser funcionales a los intereses de quienes atentan contra el bolsillo de los que menos tienen. Es poco serio medir la pobreza por los que ocasionalmente pueden acercarse a una iglesia a pedir ayuda».
Ayer el Episcopado se llamó a silencio. Sólo el obispo de Humahuaca, monseñor Pedro Olmedo, advirtió que «el costo de vida se ha ido para arriba y no tienen nada que ver los índices oficiales con lo que pasa en la realidad. Aquí se ve que todas las cosas cuestan más, no sólo en el tema alimentos, sino también en la construcción».
El ala femenina del gabinete nacional también salió a atacar a la Iglesia Católica. Alicia Kirchner y Graciela Ocaña aseguraron que el dato objetivo es que el índice de pobreza bajó en números absolutos y advirtieron que «hay que ser prudentes en lo que decimos, sobre todo cuando ejercemos representaciones públicas».
La hermana de Néstor Kirchner afirmó que «el descenso de la pobreza tiene relación directa con el crecimiento del empleo, es decir la baja del desempleo que hoy se encuentra en 7,5% y también el acceso a derechos, a servicios y bienes públicos».




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