Juró la Presidente, también sus ministros
• Primer mensaje de Cristina de Kirchner en el Congreso: no leyó como su marido, pareció improvisar y demostrar mayor memoria -siempre fue mejor alumna que él-. • Ese trabajoso ejercicio impidió luego contar con el discurso escrito, hecho extraño e inédito en estas ceremonias. • Pero sus palabras calcaron al histórico esposo en el atril: compartió el mismo código genético del varón, no vaya a ser que alguien piense que son distintos. O que carece de la energía suficiente, como la otra peronista que la precedió en la función (María Estela Martínez de Perón), a la cual nadie desea recordar. • No hizo grandes anuncios, más bien se dedicó a una revisión histórica y crítica -característica de la familia Kirchner- de las últimas 3 décadas, como si el matrimonio hubiera presenciado todos los acontecimientos ocurridos desde una platea externa (aunque suelen admitir que no son "marcianos"). • Tampoco usó el automóvil descapotable de sus antecesores, razones de seguridad sin duda; comprensibles, aunque demasiada previsión quizás por episodios violentos que sólo ocurrían en lejanos tiempos de bandas armadas, escuadrones revolucionarios (tipo Montoneros) que perpetraban intentos de magnicidio o dinamitaban lugares públicos con inocentes. • Hubo gente en la Plaza, espectáculo musical, artistas en la Casa Rosada, confeti y emociones varias en la recién llegada: con su marido, con sus hijos (a la nena le prestó el bastón, casi premonitorio), con su cuñada ministra. Abundaron las lágrimas en la familia, hasta moquearon ministros como Alberto Fernández, quien durante la jura como jefe de Gabinete parecía agradecer al cielo por haberle concedido la gracia de poner a dos mandatarios en el cargo. • Carlos Tomada, a su vez, estaba tan alegre que no podía explicarse su propia suerte, mientras Julio De Vido participó de los fastos con expresión exageradamente seria. Casi preocupado. De los nuevos, Martín Lousteau (Economía) juró con saco desabrochado como si se hubiera criado con Kirchner; Graciela Ocaña (Salud), bien producida en la ocasión, lloriqueó con la ex primera dama como si fuera una condición femenina. • No hubo militares, sindicalistas ni curas en la ceremonia del Congreso. Exclusión obvia, marcada además por aspectos del mensaje: atacó a los periodistas (se confunden, se equivocan, a veces son la oposición misma), a los jueces (no pagan Impuesto a las Ganancias y demoran juicios), al sector castrense (aunque dijo que se debía separar la paja del trigo), a los legisladores que la aplaudían (un día votan las leyes del ajuste y luego también las del default), al FMI (hay que soportar la presión permanente de ese organismo), a los sindicalistas (no soy gendarme de la rentabilidad empresaria y menos participo de las internas de los caciques gremiales), a los Estados Unidos (por la violación de los derechos humanos en Irak), a los maestros (en mi época, el maestro sabía más que el alumno) y a Gran Bretaña (es hora de cumplir el mandato de Naciones Unidas sobre Malvinas). El broche lo reservó para su colega uruguayo, Tabaré Vázquez: primero lo elogió para que lo ovacionen y, después, le imputó la violación del Tratado del Río Uruguay (por Botnia). Esa no es culpa argentina, precisó, al tiempo que dejaba claro su resignación a lo que decida el tribunal de La Haya. • Agresiva entonces, con la misma horma familiar: esa necesidad de señalar defectos en ajenos y no reconocer ninguno como propio. • Habló del pacto social que se viene (sin precios ni salarios) y enunció un modelo de acumulación con matriz diversificada -casi una definición de Elisa Carrió- e inclusión social. Algo que le llevará más de un discurso explicar y, a la gente, entender. • Empieza, quiera o no, otra etapa. También vale para el resto que la mirará gobernar.
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A esa hora el congestionamiento de tránsito alrededor del área del Congreso era tal que algunos cronistas del exterior y acompañantes de los presidentes no pudieron llegar al edificio. Otros se retiraron cuando se les informaba que no había lugar en el recinto y debían seguir la ceremonia desde una pantalla de video.
Cuando Cristina de Kirchner ingresó a Diputados, la Asamblea llevaba unos 45 minutos esperándola. Antes habían deliberado formalmente para decidir quién la recibiría en su ingreso y otros temas protocolares. La recepción fue en medio de la euforia de todo el kirchnerismo que ocupó las galerías. Fue la primera vez que aparecieron lágrimas en la nueva presidente y el primer abrazo con su marido. El, después, le dio un leve empujón para que avanzara con la jura.
La ceremonia comenzó, entonces, con el juramento que le tomó Daniel Scioli. Cristina de Kirchner recitó la fórmula convencional, que terminó con una lluvia de papelitos y gritos de «viva la Patria», que bajaron de las galerías altas. La siguió Julio Cobos.
Y vino allí el primer «blooper» de Néstor Kirchner: quiso colocarle inmediatamente la banda y el bastón. Su esposa lo frenó recordándole que antes debían firmar el acta de traspaso del mando, lo que hicieron ella y el ex presidente: «Nunca pude aprender estas cuestiones del protocolo», bromeó él en el estrado.
Tras la lectura de ese acta y la firma, llegó entonces la puesta de la nueva banda presidencial de seda y la entrega del bastón de madera, oro y plata labrado por Pallarols. No hubo jugueteo esta vez, como en la asunción de Kirchner.
Después de los saludos y la euforia todos volvieron a sentarse: Kirchner, Cristina, Scioli, Cobos y Eduardo Fellner. Miguel Pampuro, presidente provisional del Senado, los miraba de lejos.
Recién entonces comenzó un discurso que no tiene antecedentes en otras juras presidenciales: Cristina de Kirchner pareció improvisarlo entero, aunque en realidad fue memorizado haciendo gala de las costumbres que en ese sentido ya se le conocían como senadora y diputada.
Tras los abrazos con la familia y la despedida de los mandatarios presentes en el Salón Azul -sólo Chávez se quedó una media hora más debajo de la cúpula discurseando frente a la prensa-, el matrimonio, de nuevo acompañado por su hija, partió hacia la Casa Rosada en el mismo auto pero ahora escoltado por la guardia de honor de Granaderos a Caballo.



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