En la agenda de los agravios, le tocó ayer a Elisa Carrió ser el blanco de los ataques verbales de Néstor Kirchner. En un acto en Entre Ríos, el Presidente se rió de que la ex diputada lo criticase por buscar el favor de gobernadores repartiendo obras públicas y la acusó -como si fuera pecado-de vivir en el Barrio Norte de la Capital Federal. Injusto, porque el propio Kirchner hace años que vive en esa zona porteña. Curiosa pasión por agraviar que obliga al oficialismo al desagravio, igualmente automático. La semana anterior, le tocó a Eduardo Duhalde, y ayer el Senado sólo pudo aprobar el pliego de Carmen Argibay para la Corte luego de que el PJ hiciera un público desagravio de Raúl Alfonsín, insultado por un subsecretario presidencial que no habla sin orden superior.
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