«Mis amigos», dijo Néstor Kirchner señalando a Luis D'Elía de la FTV y Juan Carlos Alderete de la CCC, los piqueteros blandos que lo escoltaron ayer en La Matanza desde donde el patagónico buscó amortiguar la pulseada entre el gobierno y los piqueduros. A tal punto llega la «amistad» del Presidente con esos delegados piqueteros que, mientras evita la custodia oficial de la Policía Federal, Kirchner aceptó caminar entre la gente con patovicas de la FTV y la CCC como única custodia.
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Explicitando quiénes son sus aliados en el complejo universo de las tribus de desocupados, Kirchner intentó arrimarse a los grupos más combativos -como el de Raúl Castells que ayer «desalojó» el Ministerio de Trabajo-, pidiendo evitar el «enfrentamiento».
De algún modo, retomó Kirchner la «mano de seda» que tiempo atrás le imputó Eduardo Duhalde en su trato con las organizaciones de desocupados.
Además, lo hizo un rato después de que Chiche Duhalde saliera en defensa de la postura del gobierno para no ceder a la «extorsión» -según Alberto Fernánde z- de los piqueteros radicalizados.
Casi una maldición: cuando Chiche coincidió con él, Kirchner cambió de discurso.
«No nos enfrentemos entre los argentinos», dijo el Presidente desde el escenario y convocó a ser «tolerantes» y «trabajar todos juntos» para construir un «nuevo país». Y agregó: «Quiero ser un presidente para todos; éste es el esfuerzo que tenemos que hacer».
Tanta dedicación a los piqueteros debe haber inquietado a Alberto Balestrini, intendente de La Matanza, y a Felipe Solá, que acompañaron a Kirchner.
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