7 de diciembre 2007 - 00:00

Kirchner, enojado, y caza de brujas tras la dura derrota

Miguel Pichetto
Miguel Pichetto
Cristina de Kirchner no heredará de su marido un Senado en las mejores condiciones. Aunque la nueva presidente se haya asegurado controlar las comisiones clave, el bloque kirchnerista no suele ser lo que era al comienzo del gobierno de su marido, las quejas y rebeldías cada día son menos disimulables. Esos ruidos que provocó el fracaso oficial en el recinto cuando intentó aprobar la Emergencia Pública y la prórroga de impuestos aún se sienten y prometen más.

Inclusive se agravaron el miércoles por la noche -después de la dolorosa sesión para el gobierno-durante la despedida a los senadores peronistas que dejan su banca que les organizó Miguel Pichetto.

Todo estaba previsto para que Néstor Kirchner participara de ese asado en la sede de la Obra Social de ex legisladores en la calle México al 500, donde se repartieron las medallas a los que se van. Era imposible que el Presidente no lo hiciera: hace una semana concurrió a un ágape similar que había organizado el santafesino Agustín Rossi en un restorán de la Costanera norte para despedir a los diputados salientes. En esa ocasión Kirchner no sólo fue, sino que habló, su mensaje se transmitió por televisión y hasta también fue una despedida suya de la Casa Rosada.

Pero con los senadores no fue lo mismo. Kirchner no fue a la cena y en su lugar comisionó a Alberto Fernández para que lo representara, aunque el jefe de Gabinete finalmente tampoco concurrió.

Con amargura algunos senadores le escucharon decir a Pichetto esa noche: «No vino porque está enojado», aunque repitió una frase que ya había ensayado en el recinto: « Nosotros hicimos lo que había que hacer».

Se refería Pichetto a no haber forzado nuevamente el reglamentodel Senado, como le imputa a Rossi, y aceptar debatir el proyecto de Emergencia Pública que había votado Diputados. Pichetto podría haber optado por tomar como válido el dictamen del Senado sobre la iniciativa que había girado allí el gobierno y hacer una suerte de cambio que hubiera eliminado la necesidad de contar con los dos tercios de los votos. De haberlo hecho, el escándalo hubiera sido mayúsculo y con consecuencias inclusive judiciales.

Más allá de esos argumentos, era difícil que el mismo día en que le bloquearon la votación de las dos leyes más importantes para su esposa, el Presidente se hubiera lanzado a un acto de camaradería con los responsables.

El resultado de esa sesión ya despertó una caza de brujas, que comenzó en el Senado y ya llegó a la Casa Rosada. Esta vez no hubo nadie en el kirchnerismo que ocultara los nombres de los responsables de haber perdido las dos votaciones en el Senado.

  • Mensajes

    Ese mismo día se le escuchó decir al propio Pichetto cuando hizo el recuento de los votos que le faltaron para conseguir la mayoría de dos tercios que requería la votación de la Emergencia: «A Leguizamón le dejamos cuatro mensajes en el celular y no apareció». Se refería a María Laura, que deja el Senado y aunque es fervorosa «cristinista», no parece preocupada por las cuestiones de último momento en esa cámara.

    Pero para Pichetto las bajas que determinaron la derrota fueron las del pampeano Rubén Marín y el santafesino Carlos Reutemann: «Cuando arrancó la sesión y cuando vamos a votar me doy vuelta y veo que me faltan dos senadores», relató la noche del miércoles. No hacía falta que el propio Pichetto lo confirmara: todo el recinto vio la salida de Reutemann que terminó dando vuelta una votación donde al gobierno le faltaron sólo dos votos para ganar.

    Las explicaciones posteriores ya no sirvieron. Más tarde Reutemann le informó a Pichetto que había tenido una reunión urgente con empresarios, y Marín que había partido a la Corte Suprema de Justicia para encontrarse con Juan Carlos Maqueda. Ninguna de esas obligaciones parecía más importante que sancionarle a tiempo la Emergencia a Cristina de Kirchner.

    A la hora de votar, los ayudantes de la bancada kirchnerista se desesperaron por ubicar también a otros senadores que faltaban. Fue imposible dar con el peronista neuquino Sergio Gallia, Adriana Bortolozzi -que es como Sarmiento para las sesiones-estaba enferma y aunque la jujeña Liliana Fellner argumentó que tenía serios problemas personales, el propio Pichetto constató más tarde que a la hora de votar la Emergencia estaba a pocos metros de allí, en el recinto de Diputados, presenciando la jura de su hermano como nuevo presidente de esa Cámara. Cuando terminó allí, partió a la ceremonia de colación de su hijo.

  • Excusas

    Tan serio como esos faltazos, es el del cordobés Roberto Urquía, el hombre que desde el lunes ocupará la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Hacienda que tendrá, entre otras cosas que volver a emitir el dictamen de la Emergencia Pública y la prórroga de impuestos. Un avión demorado, una reunión impostergable, fueron algunas de las excusas que llegaron a la jefatura de la bancada ante su ausencia. Extraño en un hombre que es de máxima confianza en el Senado para la nueva presidente.

    Jurar un cargo electivo es un momento importante en la vida de cualquiera, más cuando lo presencia la familia. Le pasó a Vilma Ibarra el miércoles cuando dijo el «Sí, juro» para la banca que asumirá el lunes, mientras desde un palco bandeja la seguía su hermano Aníbal. Para el salteño Marcelo López Arias fue algo similar, aunque esté más fogueado en esto de las «juras». Pero la emoción no alcanza a explicar, por lo menos para Pichetto, por qué no demoraron o adelantaron la ceremonia para estar presentes en el recinto del Senado en la votación. Son otros dos votos que hubiera dado vuelta la historia, algo que también quedó registrado en la Rosada.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar