28 de julio 2004 - 00:00

Kirchner, de gira con duhaldistas

Al menos en la superficie, la relación entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde entró en un remanso. Esa tregua, nunca definitiva, tendrá su primer reflejo este mediodía cuando el Presidente inicie una gira por la provincia escoltado por soldados duhaldistas.

La posta inaugural será La Matanza donde arrancará hoy una caravana con la que Kirchner visitará cinco municipios en una semana. En todos, reina el peronismo; a todos, como un rey mago, los agasajará entregando obras públicas. Casi como si el año 2005 estuviese a la vuelta de la esquina.

Hacía meses, mucho antes de la semana médica que lo sorprendió en el Sur, que el patagónico no caminaba el corral duhaldista como lo hará en los próximos ocho días, con varias paradas en el conurbano y hasta una excursión al llano de la provincia interior.

• Amnistía

Pero la clave es que de la gira participarán, como nunca antes, duhaldistas. No sólo los neomosqueteros Julio Pereyra, Hugo Curto y Alberto Descalzo, asiduos invitados a la Casa Rosada, sino también caciques como Baldomero «Cacho» Alvarez o hasta el propio Alfredo Atanasof, cuyo ADN no admite otro mando que Lomas de Zamora.

La presencia de Atanasof será una amnistía para el ex jefe de gabinete de Duhalde que cosechó las pullas del kirchnerismo cuando declaró que Kirchner era el jefe del «partido piquetero». Razón no le faltaba: el día antes, tres ministros aplaudieron a Luis D'Elía en un acto en Parque Norte.

La ronda, que arranca en La Matanza, continuará mañana en La Plata, el lunes en Ituzaingó, el miércoles próximo en Florencio Varela y se coronará en Chacabuco, tierra de
Julián Domínguez, duhaldista que secundó a José Pampuro en Defensa hasta que se mudó a la Legislatura de La Plata.

Para todos ellos, el Presidente tiene obsequios: previa fiscalización de
Julio De Vido, los intendentes se quedarán con rutas, desagües o viviendas, gentilezas que Olivos reparte como premio entre los elegidos.

Pero ése no será el único motivo de festejo de los intendentes: la tregua, siempre frágil, entre
Kirchner y Duhalde resulta una bendición para los capitanes que navegan de un puerto a otro, pero sin romper lanzas con ninguno de los comandantes del peronismo.

Esa paz, seguramente pasajera, les ofrece
una minitemporada de descanso para desestresarse. La saturación de doble espías convirtió al PJ de Buenos Aires en una selva: los kirchneristas aterrorizan a los que no se acercan a Olivos; el duhaldismo anuncia tormentos a los que lo hacen.

El tiempo y algunos contactos reservados entre
Kirchner y Duhalde derivaron en esta calma que el Presidente aprovechará para visitar a Alberto Balestrini (para algunos el preferido del Presidente en Buenos Aires) en La Matanza -también se rodeará de piqueteros-, a Pereyra en Florencio Varela y a Descalzo en Ituzaingó.

Lo de La Plata, en cambio, tendrá otro color: más que una vista a
Julio Alak, es una gambeta transversal porque Kirchner está invitado a participar del acto donde se bautizará con el nombre de Arturo Illia a la autopista La Plata-Buenos Aires.

Y en Chacabuco, donde el intendente es
Darío Golía -un delfín de Julián Domínguez-, Kirchner protagonizará la celebración de la unidad con José Díaz Bancalari, Aníbal Fernández, Pampuro, Pereyra, Descalzo, Curto, Alvarez y Atanasof en un mismo escenario altamente combustible.

Además, en cada destino, estará
Felipe Solá. Vía China y Venezuela -viaje que compartieron-, Kirchner dejó atrás sus chispazos monetarios con el gobernador, y esta semana, en su recorrido por la provincia, lo tendrá como escolta preferencial.

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