28 de enero 2005 - 00:00

Kirchner, jefe de campaña PJ

La transversalidad, a la que tanta saliva dedicaron los funcionarios (y tinta muchos periodistas), terminará pasando a la historia casi como una mera invención literaria. Néstor Kirchner se ha puesto al frente de la campaña nacional del PJ. Recibe desde gobernadores hasta punteros y ordenó «aplastar» electoralmente a todos los candidatos que no tienen los colores del peronismo. Perplejidad en quienes durante más de un año soñaron con una alquimia que, finalmente, fracasó.

La prueba inicial de este comportamiento tendrá lugar en Santiago del Estero, donde Kirchner comprometió su apoyo al PJ y a su candidato José

Figueroa, en la primera elección que se celebrará en el año, el próximo 27 de febrero. Para fortalecer la campaña oficial, el Presidente dispuso ayer que concurran a ese distrito seis gobernadores del PJ: Eduardo Fellner, Gildo Insfrán, Carlos Verna, Mario Das Neves, José Luis Gioja y José Alperovich. La alianza interna que nace en febrero y la «peronización» de la Casa Rosada son señales para los que, como Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá, piden internas dentro del PJ.

La transversalidad se desvanece en la Ciudad de Buenos Aires, donde Aníbal Ibarra intenta salvar su gobierno del desastre de Cromañón y de la hiperactividad de Juan José Alvarez (a esta altura no sabe cuál de los dos fenómenos le hizo más daño). También en Santa Fe. Allí Kirchner dio orden de «ganarle como sea» a Hermes Binner, antiguo aliado y socio de Ibarra en ese trance. Casi seguramente la misión le será encomendada a Horacio Rosatti. Ayer, para completar el ciclo, terminó de dar el último suspiro esa experiencia nonata: fue en Santiago del Estero, una provincia administrada por el propio Kirchner a través de Pablo Lanusse, el interventor.

Hasta el despacho de Alberto-Fernández (por distintas razones, padrino de la transversalidad) llegó el vencedor de la interna peronista en esa provincia, Figueroa, candidato a gobernador por ese partido. Se entrevistó con el jefe de Gabinete y también con el Presidente (como suele ocurrir, el santacruceño interviene «a piacere» en las reuniones de Fernández). Las palabras de Figueroa fueron un canto celestial para Kirchner y Fernández: «He recibido el respaldo del peronismo santacruceño, que produjo un movimiento de renovación impresionante. Una nueva ratificación popular de la decisión suya de intervenir la provincia, Presidente».

•Explicaciones

Figueroa les explicó a los dueños de casa que «por primera vez en 50 años el peronismo eligió libremente a los candidatos a gobernador, vicegobernador y diputados». Después comentó que «ahora José Cantos (quien compitió contra Figueroa en la interna) quiere competir en contra de la ley con un partido provincial, pero sus diputados están en nuestra lista». Cantos también se identifica con el Presidente, y a su intento de presentarse por afuera del PJ le puso fin el tribunal electoral provincial.

Kirchner y Fernández fueron claros como pocas veces ante Figueroa, los senadores de la provincia y el interventor del partido, Rafael González. «Soy peronista y le quiero poner la banda a un gobernador peronista-», dijo el Presidente. Igual se expresó el jefe de Gabinete. Importa mucho el dato: en el PJ santiagueño se supuso siempre que el kirchnerismo preferiría en la provincia apoyar al candidato del Frente Cívico, Gerardo Zamora, un joven de 41 años que luce en las encuestas como el preferido.

Cuando le hablaron ayer a Figueroa de esa situación, el diputado aclaró: «Es el primero en encuestas donde no competía contra nadie, cuando el peronismo no tenía candidato». Zamora y la posibilidad de que el gobierno se articule con el radicalismo en una «transversalidad santiagueña» fueron siempre hipótesis de Fernández, que ahora al parecer se derrumban simultáneamente con la crisis porteña de Ibarra. A tal punto que ayer, en la Casa Rosada, se realizó una agenda de visitas a Santiago de figuras centrales del gobierno: estarán los dos Fernández (también Aníbal, el ministro del Interior), Daniel Scioli (irá a las Termas de Río Hondo) y, de manera casi permanente, Juan Carlos Mazzón, convertido por Kirchner en una especie de jefe de campaña en las sombras.

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