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31 de mayo 2006 - 00:00

Kirchner les pide calma: candidaturas, en abril

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«No hay que apurarse: recién en abril hablamos de candidatos», apagó las alarmas Néstor Kirchner ante los intendentes radicales que el lunes visitaron la Casa Rosada, horas antes de firmar un texto partidario que deja al borde del abismo la unidad de la UCR.

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Luego de domar su fastidio por una presencia menor que la esperada en la «plaza del sí», la recepción del patagónico a tres alcaldes bonaerenses fijó el tono que llevaría el documento pro concertación pactado entre gobernadores e intendentes radicales.

Y polemizó la semilla que, más tarde, en el hotel Savoy, una mesa de veinte dirigentes con cargos ejecutivos de todo el país, engendraría una certeza: salvo un milagro, antes de fin de este año, o a más tardar antes de la elección de 2007, la UCR se fracturará.

Casi como en un descuido, Kirchner animó la desintegración. Como hizo antes con Julio Cobos, abundó en elogios sobre los dirigentes radicales «amigos» del gobierno, ante sus invitados del lunes: el marplatense Daniel Katz, Mario Meoni de Junín y Héctor Gutiérrez de Pergamino.

Los tres intendentes alientan desde hace tiempo una concertación con el gobierno -inquieto, Meoni lo planteó en agosto pasado y se sometió a fuego cruzado-, postura que luego se instaló como regla de oro entre la mayoría de los alcaldes de Buenos Aires.

Esa cita aportó un condimento adicional: el lunes, Kirchner los identificó como interlocutores y, además, estableció una vía de negociación formal. En el día a día, Oscar Parrilli atenderá los asuntos de gestión; en otro plano, Alberto Fernández, el diálogo político.

Es decir: al llamado plural desde el palco del 25-5, el Presidente comenzó a armar el andamiaje para construir, primero, un entramado político que, en una segunda etapa, evolucione a un armado electoral. Esta última etapa, según Kirchner, recién se discutirá en próximo otoño.

«Este año discutamos los ejes de una concertación» tentó el Presidente a los delegados radicales.

Tiempista, el patagónico sintonizó con el planteo general de los radicales K que consiste en enlazar las manifestaciones pro Kirchner que se registran en las provincias y los municipios, en un marco nacional. No más acuerdos locales, sino un pacto global.

La confección de una UCR-K a nivel nacional es la antesala de la fractura. La cerrazón de la conducción partidaria, encarnada por Roberto Iglesias y Margarita Stolbizer, aporta la cuota que falta para predecir una secesión que, a esta altura, parece inevitable.

Aparecen, al menos, dos nubarrones:

  • La disputa mendocina Cobos vs. Iglesias se metió, quizás excesivamente, en la riña de la UCR nacional. Responde a necesidades cruzadas -Cobos no puede reelegir e Iglesias quiere ser candidato a gobernador- que estorban el planteo integral. Cobos tiene, por caso, una urgencia por pactar con Kirchner que no manifiestan otros. En su entono, dicen que el acuerdo debe resolverse en 90 días. Para todos los gobernadores -Saiz, Zamora y Brizuela-, es muy pronto.   

  • Cobos tuvo, además, que desmentir la opción de una fórmula compartida porque, de inmediato, surgieron reacciones de otros dirigentes que interpretaron que el mendocino «usaba» el partido «en beneficio propio».
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