Fue positivo el balance del primer día de actividad política de Néstor Kirchner en Nueva York, donde asiste a la Asamblea General de las Naciones Unidas. El Presidente tuvo dos entrevistas clave. Desayunó con Luiz Inácio Lula da Silva, su colega brasileño. Y almorzó con José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del gobierno español. Con Lula, se terminaron de definir acuerdos negociados durante el fin de semana en Buenos Aires. El líder del PT anunció que el Banco Nacional de Desenvolvimento Economico e Social (BNDS) de su país extenderá líneas de crédito en la Argentina para empresas que fabriquen bienes de capital importados desde Brasil. También confirmó que ese banco financiará la expansión de gasoductos, medida que será anunciada no bien el Banco Central argentino emita la garantía correspondiente. Zapatero, por su parte, dio un fuerte respaldo a la posición argentina frente al Fondo Monetario Internacional, sobre todo en la evaluación de la oferta a los acreedores privados. Fue variada la charla con este premier y permitió que Kirchner hiciera una cerrada defensa jurídica del nuevo marco regulatorio de servicios públicos que pretende ver aprobado por el Congreso.
Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil, desayunaron ayer en el hotel Waldorf Astoria y definieron durante esa reunión un acuerdo que podría ser visto como una suerte de relanzamiento del Mercosur. En rigor, Kirchner y Lula convalidaron lo que durante el fin de semana habían estado negociando en Buenos Aires el presidente de Petrobras, José Eduardo Dutra; el titular del Banco Nacional de Desenvolvimento Economico e Social (BNDS), Carlos Lessa; y el embajador Mauro Vieira, una figura decisiva en el esquema de poder del canciller brasileño, Celso Amorim.
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Lula confirmó ante su colega que el BNDS establecerá una oficina en Buenos Aires para extender líneas de crédito a empresas argentinas que produzcan bienes de capital importados desde Brasil, una determinación adoptada por Lessa, quien anunció en su visita de este fin de semana que el banco modificaría su normativa en relación con los préstamos. Para comprender el corazón de este problema, debe recordarse que el BNDS se fondea con parte del salario de los trabajadores brasileños, por lo cual tiene restricciones especiales para la extensión de líneas de crédito (tiene prohibido, por decirlo de una manera muy genérica, financiar empleo extranjero).
Durante el desayuno, se avanzó también en la definición de las inversiones brasileñas en materia energética. También la cuestión está relacionada con el BNDS, que prestará el dinero para la ampliación de gasoductos. Sin embargo, se comentó en el encuentro, esa decisión será comunicada dentro de 10 días, cuando el nuevo directorio del Banco Central apruebe el régimen de garantías que reclaman esos préstamos.
Kirchner y Lula se entrevistaron con la compañía de sus dos cancilleres. Casi tal para cual: Bielsa, un escritor que explica la política exterior mientras cita a Jorge Luis Borges (ayer se sirvió de él para afirmar que «el talento exige paciencia» y «la integración también»...); y Amorim, un cineasta que terminó aplicando su tiempo a la carrera diplomática. Ambos ministros llegaron a Nueva York con la decisión de quitar de la agenda de sus presidentes el espinoso asunto de la aspiración brasileña a ocupar una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Claro, la Cancillería argentina hizo tantas manifestaciones de desdén frente a esa pretensión que lo más lógico fue sacarla de la conversación para evitar que Lula soportara una negativa.
En cambio, hubo afirmaciones más amigables entre los dos mandatarios. Por ejemplo, la de constituir un mecanismo de negociación que despersonalice el tratamiento de cuestiones rutinarias. En realidad, ayer se discutieron de nuevo las ventajas y los perjuicios de la denominada «diplomacia presidencial», que caracteriza al Mercosur desde su fundación. Esto es, la dinámica por la cual la mayor parte de los temas en los que se disiente acaba por zanjarse en conversaciones del máximo nivel. «No puede ser que dos presidentes terminen hablando de línea blanca o de pollos», se dijo en el Waldorf Astoria, aunque se reconoció: «Cuando un problema se trata a nivel presidencial, es casi obligatorio que tenga una salida exitosa; nunca el fracaso adquiere esa jerarquía». Más allá de estas lucubraciones, se resolvió revisar el tratado de Ouro Preto y explorar la posibilidad de ampliarlo según las conclusiones a las que se llegó en la última reunión de Copacabana. «Podríamos intentar un Copacabana II», dijo Bielsa, quien sabe elegir mejor que Kirchner los escenarios para sus cumbres.
Lula y Kirchner sobrevolaron la negociación que se lleva adelante con la Unión Europea para alcanzar un acuerdo de libre comercio en octubre. La semana próxima habrá una cumbre entre los dos bloques que será definitoria. El presidente brasileño se mostró, al parecer, más confiado que su ministro Amorim (las distancias entre lo que se pretende y lo que ofrece la UE en materia agrícola son «bárbaras», por seguir usando imágenes de Borges). Todos comentaron la ironía de que Martín Redrado ya no pueda negociar por el Mercosur frente a Pascal Lamy (había pedido y conseguido esa excepción, dado que la presidencia pro témpore del bloque pasó a manos brasileñas en julio). Pero no se hizo mención a la picardía del inminente titular del Banco Central, quien habría inducido a Lamy a viajar a Brasilia para convencer al canciller brasileño, el más duro de los sudamericanos en la apertura de mercado que pretenden los europeos.
• Convalidación
En relación con los cortocircuitos que se plantearon últimamente en los intercambios con Brasil, también el encuentro de Kirchner y Lula sirvió para que se convalidaran los tres criterios que venían negociando las cancillerías y a los que adhirió Roberto Lavagna en su último viaje a Brasilia. Es decir, la reducción de asimetrías, los mecanismos de compensación de desequilibrios macroeconómicos (en especial, los que afecten relaciones cambiarias) y el criterio de desarrollo integrado (o sea, la adopción de medidas pro activas para facilitar una industrialización equitativa entre los diversos mercados). Se evitó, sin embargo, hablar de particularidades irritantes, como las que vienen motivando diferencias comerciales entre los países.
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