Las próximas 48 horas prometen ser decisivas para las relaciones de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. En otras palabras, se sabrá si, finalmente, el pacto más o menos explícito que ambos vienen ensayando resulta posible. Ese contrato tiene pocas cláusulas, básicamente tres. De parte de Duhalde, la aspiración es ubicar al vice en la fórmula presidencial y ocupar cuatro ministerios en el próximo gabinete nacional. La pretensión de Kirchner es una sola: que le demuestren que es el «caballo del comisario» disciplinando a los gobernadores en su favor. No son pocas las consecuencias que tiene esa solicitud si se viera satisfecha.
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La incógnita de la vicepresidencia todavía no se despejó. En estas horas Duhalde se está enterando del «no» definitivo de Roberto Lavagna a secundar a Kirchner. El encargado de informar es un emisario enviado por el Presidente, quien sondeó a Lavagna el viernes pasado pero todavía no le comunicó el resultado de la gestión a su mandante. Se trata del hombre que propuso a Lavagna como ministro aquella tarde insólita de Olivos, cuando el mandatario expuso a Alieto Guadagni a la consideración de una asamblea de 70 personas.
Para la lógica del duhaldismo se trata de un inconveniente difícil de resolver. Los encuestadores a los que recurre el gobierno y el propio Presidente están inquietos porque el despegue de Kirchner es muy leve. Un poco por autoestima y otro poco por realismo político, creen que sólo si se lo convierte «en serio» en el candidato oficial el candidato tendrá alguna perspectiva de ser uno de los términos del ballottage imaginado por Duhalde. Transformar a Kirchner en el candidato oficial supone, para este argumento, envolverlo en la imagen de la gestión. Era para eso que Duhalde contaba con Lavagna. ¿A quién puede echar mano ahora para ese fin? Daniel Scioli parece enfocado a la pelea porteña y las acciones de Ginés González García nunca entusiasmaron al mercado. Si de imagen oficial se trata, tal vez corra con más fortuna el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, quien según las encuestas es el funcionario al que más identifica el público con la administración Duhalde, después de Lavagna. ¿Aceptará Atanasof acompañar a Kirchner, cuando toda su carrera viene orientándose a la pelea provincial? Si es por Eduardo Camaño, comisionado a armar la lista de diputados bonaerenses, el destino del jefe de Gabinete debería ser otro: encabezar la lista de diputados nacionales. Una inquietud más para Carlos «Rucucu» Ruckauf.
• Dudas
Si el pliego de Duhalde se extiende también a cuatro carteras, las llaves del secreto las tienen los sindicalistas. A ellos, los «Gordos», el Presidente les dijo hace tres semanas que pretendía que «Lupín» le cediera Economía, Justicia, Salud y Acción Social. Lo que Duhalde no aclaró, ni va a aclarar por ahora, es si ese «cuatro ambientes» piensa ocuparlo con sus actuales inquilinos (González García, Juan José Alvarez, Chichi Doga y Lavagna) o si habrá que renovar contrato. A portarse bien.
Por parte del candidato las exigencias son menos pero más urgentes. Hace 20 días le adelantó a Duhalde que pretende el desplazamiento de Miguel Angel Toma (SIDE) y Jorge Matzkin (Ministerio del Interior). Pero con el paso de los días ha enfocado su guadaña solamente hacia el cuello de Matzkin. Nada personal, salvo que «Lupín» le planteó a varios integrantes del gabinete que «el oficialismo se demuestra con el alineamiento de los gobernadores». Su reclamo comenzó a levantar volumen durante el último «week end» que compartió el Presidente con el senador misionero Ramón Puerta: «¿Qué tiene que hacer con Puerta? Cada vez que se reúnen me como tres días de diarios diciendo que me rechazaron como candidato. ¿Esa es la campaña? ¿Para qué está el Ministerio del Interior? ¿Para qué está la 'caja'?» lloró el gobernador de Santa Cruz ante el oncólogo José Pampuro la semana pasada.
Duhalde teme por la embestida de Kirchner. No quiere desprenderse de Matzkin pero intuye que ésa es una condición importante del patagónico: «Hay que poner a alguien de fierro en Interior para disciplinar a los gobernadores con premios y castigos y ése no es Matzkin». ¿Será sincero el argumento del candidato? O en realidad, como él mismo suele decir, le está «pegando al chancho para que aparezca el dueño»? Todo el mundo sabe que la tirria de los Kirchner es con Arturo Puricelli, nada menos que el encargado de provincias. Puricelli es el principal adversario que tiene «Lupín» en el peronismo santacruceño, que él maneja con un temperamento frente al cual el santiagueño Carlos Juárez es un anarquista. ¿Será esa la cabeza que quiere ver rodar Kirchner después de mucha argumentación? ¿Lo entregará Matzkin a Puricelli?
Pisa sobre vidrios astillados Duhalde. De pensar en que sería un sponsor generoso pasó a verse una especie de prisionero: no puede darse el lujo de que el santacruceño le haga un desplante por falta de compromiso efectivo. Y ya estuvo a punto de hacérselo aquella noche en que Chiche, la primera dama, no asistió al acto de Lanús. Quedan señales de esas ínfulas: en una empresa que suele ayudar al candidato (encargada de solventarle su más conocida campaña televisiva) le escucharon esta pregunta: «Si me peleo con Duhalde, ¿ustedes me seguirán ayudando?». No costó nada decirle que sí. E informar de inmediato a Duhalde, claro.
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