Kirchner se resiste a dejar el cargo
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Pícaro, también devolvió gentilezas al ex mandatario por haber «sacado al país del infierno y conseguido superávit y un importante crecimiento de la industria». Y como para no profundizar las grietas que había abierto la presencia de Kirchner en el acto, dijo sobre la relación con Scioli: «Nosotros, los intendentes, lo vamos a ayudar, porque si les va bien al gobierno nacional y al gobierno provincial, les va bien a los municipios y a la gente».
Con Kirchner en Tres de Febrero, Daniel Scioli sólo pudo capitalizar ayer la foto a solas con Fernando Espinoza, inventor de la denominada «Generación Soda», grupo de neointendentes que arribaron a municipios dominados por décadas por caciques que parecían eternizados en el poder.
Sabe Scioli que mantener aceitado el vínculo con los intendentes le aportará la llave para mantener la gobernabilidad de la provincia. Por eso acordona el pacto que sellaron en la previa al unificar tanto los del Frente para la Victoria como los justicialistas puros su respaldo a la candidatura de Cristina.
En ese armado es determinante la figura de Julio Pereyra, intendente de Florencio Varela, titular de la Federación Argentina de Municipios y delfín de Kirchner -junto al de Ituzaingó, Alberto Descalzo- en la postal de sintonía fina que tanto Scioli como Cristina necesitan para gobernar.
También juraron ayer, entre otros, el kirchnerista Darío Díaz Pérez, quien con su sorprendente triunfo cortó con 24 años consecutivos de gestión de Manuel Quindimil en Lanús; Fernando Gray en Esteban Echeverría, Gustavo Pulti en General Pueyrredón, Alberto Descalzo en Ituzaingó, Francisco «Barba» Gutiérrez en Quilmes y Sandro Guzmán en Escobar.




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