12 de junio 2006 - 00:00

Kirchner vindica a Valle contra la "visión Pando"

Antonio Cafiero
Antonio Cafiero
Primero fue un acto del PJ. Luego se ensambló con el de los familiares de los fusilados. Más tarde se plegó Jorge Telerman y apenas un rato tardó en pedir una vip Alberto Fernández. Con Nilda Garré y el jefe del Ejército, Roberto Bendini, se completó el elenco.

Fue en la plaza Las Heras, donde funcionó la penitenciaría en la que, en 1956, el gobierno de Pedro Eugenio Aramburu ordenó fusilar al general Juan José Valle, cabecilla del putch contra la llamada Revolución Libertadora y para reponer a Juan Domingo Perón en el poder.

Los homenajes por aquel hecho ocurrido hace 50 años adquirieron esta actualidad frente al conflicto que enfrenta a Néstor Kirchner con sectores críticos de las FF.AA. La presencia de Bendini, Garré, y Alberto F. le dio al acto una inocultable impronta oficial.

Coincide, además, con la óptica que abonan los historiadores y que alienta la Casa Rosada, de ubicar los fusilamientos como «el inicio del terrorismo de Estado».

Ofreció, además, una excursión a las mutaciones del PJ en las últimos décadas y un acercamiento a sus múltiples tribus. En el homenaje se codeaban, de hecho, ex Guardia de Hierro, ex Montoneros y hasta el Comando de Organización Alberto Brito Lima.

Tan imprevisto e impredecible es el peronismo que los militares retirados que participaron del levantamiento de Valle en 1956 recibieron a la ministra con un estrofa de museo: «Ni yanquis ni marxistas». Garré no lo escuchó como tampoco se detuvo en el reconocimiento que Susana Valle hizo a Vicente Saadi, por años jefe político de la ministra.

Había un regusto a reproche. «Durante 49 años nadie se acordó de nosotros. Pero ahora están todos acá», provocó un retirado pero al final amnistió: «Tardó pero lo bueno es que estamos todos juntos».

  • Discursos

    Fue, apenas, un espasmo. Más tarde, a la hora de los discursos, los retirados volvieron sobre un capítulo que fascinaba a Perón: el «vínculo entre el Ejército y el pueblo», planteo que también transitó José María Díaz Bancalari, sin desaprovechar el turno para venerar a Kirchner.

    Deslizó, cordial, un manojo de anécdotas. «Mi padre se presentó vestido de civil porque sabía que lo iban a fusilar y no quería que lo maten de uniforme», recordó.

    Aportó, luego, un dato que ilustra la época: exiliado en Paraguay, Perón mandó pedir que le envíen su famoso caballo pinto. La tarea le recayó al mayor Cialzetta, que al buscarlo sólo encontró el cuero del equino, que había sido muerto a puñaladas.

    Antonio Cafiero, «Pato» Galmarini, Oraldo Britos, Lorenzo Pepe, Osvaldo Amieiro y Jorge Landau se sacudieron con la marcha -las cuatro estrofas, casi sin errores- y compartieron otro homenaje: a Mario Granero, fallecido horas antes. En la TV, a esa hora, trasmitían la apertura del Mundial.

    Festejaron, más allá de los matices, un comentario de Susana que, oportuna, vinculó todas las épocas. Cuando Menem se abrazó con Isaac Rojas, la mujer se presentó en la Casa Rosada para reprocharle ese gesto al entonces presidente. ¿Quién le franqueó el ingreso? Un gobernador ignoto: el santacruceño Néstor Kirchner.

    También Alberto Fernández remontó el tiempo hasta su adolescencia y recordó cuando «militaba en la UES» y «venía a esta plaza, vestido de futbolista, para encontrarme con los demás compañeros». «Era para no llamar la atención», explicó lo obvio y dando tareas para el hogar a los memoriosos.

    Otros -más kirchneristas que los del viernes- irán hoy en la plaza Las Heras para su homenaje personal. Allí estarán Rudy Ulloa, «Pilo» Aaset, Carlos Manteca Acosta y Raúl Rabanaque Caballero.
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