5 de marzo 2003 - 00:00

Kirchner ya armó gabinete sin hablar con los Duhalde

El duhaldismo ha comenzado a inquietarse con su ahijado, Néstor Kirchner. Los pesimistas lo hacen porque desconfían de sus posibilidades electorales. Pero los optimistas también sufren: Kirchner está dando señales de que, si llegara a asumir el poder el 25 de mayo, no tendrá en cuenta a sus promotores actuales en el armado del gabinete. De hecho, ya desdeñó a Roberto Lavagna y piensa en José María Las Heras para Economía. Fue el primer ministro de José Manuel de la Sota en Córdoba, el ideólogo de la baja de impuestos. Kirchner le reprocha a Lavagna haber conspirado en su contra en asociación con Juan José Alvarez y Carlos Ruckauf. El candidato decidió que llevaría a su hermana Alicia a Acción Social y que su jefe de campaña, Alberto Fernández, puede ser secretario general. Susana Decibe, que ya fue ministra de Carlos Menem, sueña volver a Educación con Kirchner. Y Juan Pablo Lohlé ir a Cancillería. No importan tanto estos datos por lo que revelen del futuro. Hablan del presente: el candidato y Duhalde todavía no pactaron cómo repartirán el poder en el caso de que conquisten de nuevo la Casa Rosada.

Kirchner está organizando, discretamente, el gabinete que lo acompañaría si el 25 de mayo le toca hacerse cargo del poder. La selección es interesante, porque no sólo revela las predilecciones de Kirchner. También expone su relación con el duhaldismo, en la que ya aparecieron asperezas y lastimaduras.

La primera novedad en el armado del equipo es que, contra lo que pensó tantas veces Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna no seguiría en el Ministerio de Economía si Kirchner llegara a la Casa Rosada. El santacruceño adoptó como principal asesor a José María Las Heras, el economista cordobés que secundó a José Manuel de la Sota en los albores de su gestión provincial. Las Heras inspiró las dos medidas que caracterizaron la primera etapa de la administración del gobernador de Córdoba. Una es la rebaja de 30% en todos los impuestos locales, salvo en el caso de los Ingresos Brutos para grandes contribuyentes. La otra es la aplicación de planes de subsidio de empleo a través de empresas privadas que requieren mano de obra. Las Heras se alejó del Ministerio de Hacienda cordobés después de varios conflictos con Olga Riutort, la esposa del gobernador y secretaria general de la provincia.

La relación de Las Heras con Kirchner no está mediada por De la Sota, sino que se remonta a los tiempos de militancia universitaria de ambos, en la denominada «tendencia» peronista (corriente de izquierda filomontonera). Antes de profesar su nueva fe, este economista cooperó brevemente con Adolfo Rodríguez Saá, lo que seguramente hizo concluir su amistad con De la Sota. Junto con Las Heras colaboran hoy Oscar Tangelson-amigo de Lavagna y encargado de la negociación de créditos internacionales del Ministerio de Economía-y Carlos Abalo.

• Roces

La distancia de Kirchner con Lavagna no se debió a diferencias con la orientación de la política económica. Hubo roces desde el comienzo, sobre todo cuando el candidato denunció la situación de algunas líneas ferroviarias y responsabilizó al Estado por los subsidios que entregaba a la compañía, para indignación del ministro, que consideró siempre exageradas las cifras consignadas. Pero lo que terminó con el vínculo fue la sospecha sobre una conspiración tejida entre el ministro de Economía, el de Justicia, Juan José Alvarez, y el canciller, Carlos Ruckauf.

Kirchner tuvo un dato -al parecer, provisto por un columnista dominical- acerca de que Lavagna y Alvarez pensaban constituir una fórmula presidencial para las elecciones de este año, que se proponían postergar. Ruckauf, que nunca se llevó bien con Kirchner -y se llevó peor desde que el gobernador se metió con el empresario ferroviario Mario Montoto, íntimo de Esteban Caselli, su mano derecha-, alentó la operación. En más de una oportunidad, confesó que su candidato era Lavagna, no «Lupín». En el plan estarían también articulados la CGT, que públicamente había lanzado la candidatura del titular del Palacio de Hacienda y la conveniencia de prorrogar la votación, y la UIA. Importa la enumeración, porque quienes lo conocen afirman que el gobernador de Santa Cruz es vengativo.

Kirchner fue más allá con sus informaciones o fantasías: pensó que la reunión de Lavagna y Ruckauf con Duhalde, en Villa Gesell, hace dos sábados, estaba destinada a sobreactuar la negativa del ministro a secundarlo en la fórmula e iniciar una operación de vaciamiento que terminaría con su candidatura. «Por eso tuve que lanzar a (Daniel) Scioli por 'Clarín' ese domingo; si no me volteaban a mí», les explicó más tarde Kirchner a varios ministros del gabinete nacional, admitiendo que con su actual candidato a vice apenas había avanzado en un par de conversaciones de carácter electoral. Quienes lo frecuentan suponen que Lavagna podía en algún momento proyectarse como integrante del gabinete nacional si lo presidiera el candidato oficial. No necesariamente se imaginó en Economía; tal vez pretende ser canciller y aprovechar su experiencia europea, su vocación por la negociación internacional y sus conocimientos sobre Mercosur. No olvidar que su principal libro se titula «Manual de exportador frutihortícola». Además, desde el Palacio San Martín Lavagna podría intervenir en la discusión con los acreedores externos, proceso en el que ya intervino designando, en medio de una controversia, al representante financiero del país. Pero, hasta ahora, la única figura que merodea a Kirchner en relación con la política exterior es Juan Pablo Lohlé.

No va Lavagna a este gabineteimaginario, pero tampoco lo harían otros ministros del Ejecutivo actual. Juan José Alvarez, por las mismas razones que su colega de Economía, y en el resto de los casos, Kirchner no ha enviado señal alguna. Es cierto que tiene buena relación con José Pampuro, Alfredo Atanasof y Ginés González García, pero sólo este último tuvo algún indicio brumoso en materia de empleo más allá del 25 de mayo. Es lógico: González García es, con Jorge Matzkin y Graciela Giannettasio, el único integrante del equipo de Duhalde que no participará en la «lista de los fueros», en la que sí militan los demás funcionarios.

Importan estas incógnitas, porque revelan un dato que inquieta hoy a todo el duhaldismo: el Presidente y Kirchner todavía no se sentaron a solas a diseñar un reparto de poder en el caso de que el candidato cumpla su sueño en las elecciones. Es un inconveniente por varias razones. En principio, porque son más los odios que las afinidades: el gobernador de Santa Cruz ya condenó a Miguel Angel Toma, Jorge Matzkin, Lavagna, Ruckauf y Alvarez. Y, además, está llenando casilleros desde otra cantera. En Acción Social, ya tiene decidido llevar a su hermana, ratificando que, cuando se trata de cargos públicos, suele ser familiero. Ha de ser por cábala: Alicia Kirchner de Mercado ya manejó el asistencialismo del gobernador en la intendencia de Río Gallegos y lo hace desde el primer día de gestión en la provincia.

Otro que tendría un futuro asegurado si el candidato prospera es Alberto Fernández, su jefe de campaña y postulante a la Secretaría General. Eduardo Fellner, gobernador de Jujuy, está anotado para el Ministerio del Interior, adonde llevaría a su socio, el actual secretario privado del Presidente, Juan Carlos Mazzón. Este cortaría amarras del duhaldismo, cualquiera sea la suerte de sus compañeros actuales. Llegada la circunstancia, Mazzón es un experto. A propósito de este personaje, tal vez le toque integrar el mismo equipo que uno de sus descubrimientos políticos, la socióloga Susana Decibe, a quien detectó en los pasillos de la Cámara de Diputados. Mazzón, en ese entonces, servía a José Luis Manzano. Decibe llegó a ministra de Educación de Menem, y su promotor consiguió un conchabo más en esa administración. Ahora ella cosecha los frutos de aquella misericordia, mientras piensa en volver al palacio Pizzurno, lo que la obliga a desear la derrota de su antiguo jefe riojano.

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