La Argentina decadente: Alfonsín más aplaudido que Roberto Lavagna
Los aplausos más largos en el relanzamiento ayer de la candidatura de Roberto Lavagna no fueron para uno de los pocos ministros que dejó la función con buena imagen en el público. Se los llevó el ex presidente que dejó el cargo en medio de un país incendiado. Raúl Alfonsín repartió abrazos en una platea dominada por radicales en un acto en el cual no tenían micrófono (Lavagna fue el único orador). Verlos juntos a radicales y peronistas fue, además, una fotografía de la alianza bonaerense que Alfonsín y Eduardo Duhalde cerraron en 2001 y cuyo primer éxito fue la caída de Fernando de la Rúa. Marcharán juntos ahora en busca de votos, pero prometen prolongar su alianza después de octubre en el movimiento «productivo» que menea Duhalde en su gira nacional de estos días.
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Día de fiesta para Roberto
Lavagna en el Gran Rex.
No para Raúl Alfonsín, que
rogó no ver más videos
con imágenes que incluían
a Juan Domingo Perón.
La crisis de Santa Cruz estuvo presente en los pasillos del teatro, donde la cúpula radical aprovechó la renuncia del gobernador Carlos Sancho para pegarle al kirchnerismo. «Este gobierno traslada culpas y responsabilidades propias a cabezas ajenas a través de nuestro intendente de Río Gallegos (Héctor) Roquel. Nuestro partido gobierna hace 16 años la capital santacruceña y se puso al frente de una sociedad que se cansó de tanto autoritarismo», disparó el mendocino Sanz quien se disputa con Morales y Storani el rótulo de vice de Lavagna.
El presidente del comité UCR, Morales, ensayó una tibia autocrítica: «El radicalismo necesita recuperar la calidad de partido popular». Y pronosticó que el nombre del acompañante de fórmula de Lavagna se definirá recién en junio, después de las elecciones porteñas.
Lavagna ingresó casi inadvertido por uno de los pasillos del teatro y sólo se detuvo para besar a la secretaria de Stubrin que estaba ubicada en la primera fila. Zulma Faiad, desencajada, aplaudía y cantaba «Tiene aguante, Lavagna tiene aguante». Aparatoso y falto de carisma, según comentaban sus propios estrategas, Lavagna intentó para abrir su discurso un comentario cuasi jocoso que nadie entendió: «Esto es UNA, una que hicimos bien todos los argentinos». Claro, la referencia era a las iniciales del nombre de su coalición Una Nación Avanzada.
En su discurso, el candidato cargó contra quienes cuestionan su pasado en la administración pública y sostuvo que hay quienes no pueden mostrar su historia. «Fuera de este espacio hay quienes dicen, como si fuera una virtud, que no tienen historia. Quizás sí la tengan, pero no puedan mostrarla», sostuvo el ex ministro de Economía. «Aquí estamos para construir un país de ciudadanos y no un país de clientes. Algunos demonizan la historia pasada y a los partidos tradicionales, y quieren ponerse la ropa de fundadores pero esa ropa les queda grande», arengó el economista en directa alusión a Kirchner a quien no nombró en toda su alocución.




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