Carlos Chacho Alvarez
Por eso es probable quemientras los amigos de Chacho continúen deliberando sobre la ventaja de aceptarlos puestos con que los tientan, los sindicalistas ya estén apoltronados enla administración de Fernando de la Rúa, sin contradicción espiritual alguna.No será necesariamente en el Ministerio de Trabajo, del que ya sacaron lo quequerían para este mandato presidencial: una reforma laboral híbrida, que no losafecta en el corazón de su poder. Ahora ellos van por «la caja». Poreso, con independencia de lo que les ofrezca Patricia Bull-rich, estánesperando que desde la oficina de De la Rúa les envíen la señal verde paraubicar un representante en la Superintendencia del Sistema de Salud y otro enun directorio que se va a constituir para controlar la Administración deProgramas Especiales (APE), fondo desde el que se subsidia a lasentidades sindicales.
En la CGT aseguran que paraconsumar esa asociación con el gobierno sólo faltan algunos detalles. Dicen queDe la Rúa ya aprobó la maniobra en la última reunión que mantuvieron con él enOlivos (la que se ventiló públicamente, no los innumerables encuentrosdiscretos que se realizaron en esa misma casa). Sólo temen la opinión deJosé Luis Machinea, cuyo Ministerio de Economía visitarán hoy nuevamente paradiscutir con Pablo Gerchunoff el pago de la deuda que le reclaman al gobiernoen concepto de prácticas médicas y aportes de afiliados.
Infiltración
Tan convencidos están RodolfoDaer y los suyos de que concretarán esta nueva infiltración en un gobiernoajeno, que ya han elegido a sus representantes: como director en laSuperintendencia piensan en Juan Zanola, de la Asociación Bancaria, y comoveedor en el APE promueven a Vicente Mastroccola, del sindicato del Plástico.Además de introducir a esas dos figuras en áreas que para ellos resultandecisivas, los dirigentes de la CGT dialoguista (este adjetivo ya «quedacorto» para semejante grado de compenetración) aspiran además a introduciralgunos delegados en la Administración Federal de Ingresos Públicos paracontrolar la recaudación de sus obras sociales. El acuerdo con De la Rúa nollegó hasta este punto.
La conversación de hoy conGerchunoff no rozará estos temas de reparto de cargos. Hasta ahora se hanvenido discutiendo con el ministro de Salud Héctor Lombardo y, sobretodo, con el Superintendente Rubén Cano. En cambio, con Economíavolverán a plantear exigencias por la deuda de $ 400 millones que demandan y dela que no esperan más que el reconocimiento de una parte y que se haga efectivoel pago de unos $ 20 millones, que es lo que demandan por prácticas de altacomplejidad y tratamientos de Sida no compensados por el gobierno.
Mezquindad
La discusión de esasacreencias les servirá a los «gordos» más para defender el ingreso al gobiernoque para hacerse de algún dinero extra. Ellos aducen que hay cerca de $ 40millones de aportes a las obras sociales que no tienen destino cierto porproblemas formales en la elaboración de la papelería. Lloran además por lamezquindad de Economía en derivarle al APE los fondos correspondientes a altacomplejidad, sida y otras prestaciones costosas, a pesar de que ellos hanpresentado la documentación que certifica la deuda. Por estas razonesofrecen como solución que se los convoque para ejercer un control más directo.Los argumentos que esgrimen no son sólo administrativos. Daer y los demásgremialistas agitan de vez en cuando el fantasma de Hugo Moyano y su CGTdisidente para que, por contraste, se valore y compense su «buena voluntad ypacifismo».
La incorporación de unrepresentante de la CGT al ministerio de Trabajo, tan ventilada por la prensaen estos días, resulta más azarosa. Primero, porque no se trataría de ungremialista sino de un abogado laboralista. Los nombres que giran hasta ahoraen la danza son los de José Capdevila, Lucio Garzón Maceda, Carlos Tomada yAlberto Tomassone. Segundo, existe un debate dentro de la propia centralobrera sobre la conveniencia de asociarse al destino de la Bullrich, a quientodavía miran como una incógnita, a pesar de que casi todos ellos tuvierontrato con la ministra cuando militaba en el PJ.
Crisis actual
El entendimiento entre De laRúa y los sindicalistas debe ser visto también desde la óptica de la crisisactual de la Alianza. Alvarez, en una de sus últimas explicaciones sobre susdisidencias con el Presidente --emi-te varias por día-sostuvo que «tienesentido recomponer la coalición si es para volver al espíritu de 1997; esacoalición no se hizo para tener reuniones con Daer y (Armando) Cavalieri».Ahora De la Rúa no piensa sólo en reuniones sino en una especie de cogobiernoen un área decisiva para las relaciones con el sindicalismo. Quiere decir queel contrato no sería objetado sólo por Machinea; también el Frepaso podríapronunciarse en contra. Habrá que ver si Alvarez está dispuesto a hacerlo y,sobre todo, si al Presidente le interesa lo que diga quien fue su vice.




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