Cuando terminó de hablar por TV y lo palmeaban -era la hora de la cena del viernes-, Duhalde pergeñó la primera hipótesis con que debía enfrentar la pelea que le planteaba la Corte: «Por fin tengo ahora un enemigo. Hasta ahora eran muchos los frentes pero lo que me ha hecho la Corte ha definido mi enemigo. Ahora sé por dónde tengo que ir». ¿Qué le había pedido la Corte? No embajadas, no cargos. Apenas una foto. «Queremos que se saque una foto con nosotros, nada más»; se lo pidió un juez de la Corte al emisario del gobierno horas antes de la firma de la sentencia que volteó el «corralito» y que lanzó el misilazo al corazón del gobierno de Eduardo Duhalde. El magistrado explicó que nunca antes un presidente había asumido y había eludido o invitar a la Corte a la Casa de Gobierno, o una visita protocolar a la sede de Tribunales. «Con la foto nos basta, algo que también podrían hacer las autoridades del Congreso», deslizó ante el negociador.
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• La respuesta llegó en la noche del jueves y fue obviamente una negativa. El presidente designado, les mandaron decir, no considera oportuna esa foto, más cuando el Congreso ya había reabierto la Comisión de Juicio Político. El peronismo, presionado por Elisa Carrió -que ha reemplazado el rol que tenía un Chacho Alvarez para presionar golpes de movilero a sus colegas-, le había dado a esa rutina de releer todos los expedientes que recibe la comisión cuando se renueva la cámara el carácter de un grito de guerra contra la Corte, que Duhalde alentó leyendo encuestas y viendo la TV que él mismo paga. La respuesta llegó, además, cuando otro cacerolazo de jueves a la noche aturdía a los vecinos de los jueves que viven en el Barrio Norte de la Capital Federal.
• El último intento de pacificar las relaciones lo hizo en la mañana del viernes Julio Nazareno; se comunicó con Eduardo Duhalde y le dijo que era responsabilidad de todos impedir que avanzase el juicio político a la Corte. ¿Se refiere al Congreso?, ironizó Duhalde, que remató: «No estoy en condiciones de asegurarle eso a nadie; es algo de los legisladores». Fue en vano que, antes de colgar abruptamente la llamada, Nazareno le recordase que todos pertenecen al mismo partido. También que en el diálogo se recordase que Juan Perón siempre consideró el más grande error de su primera presidencia haber enjuiciado a la Corte que heredó en 1946 por haber avalado en 1930 la institucionalidad del golpe militar. «Este boludo -solía bromear Perón señalando a Antonio Benítez ante sus tres cuando lo tenía cerca- fue el que me convenció del máximo error de mi vida política.» A Nazareno le llegó, además, la noticia de que en el discurso de Duhalde de la noche el Designado iba a cerrar con un llamado a un gesto de renunciamiento de la Corte (ver diálogo en págs. 9 y 10). A esa hora ya la acordada que declara la inconstitucionalidad del Decreto 1.570/2001 tenía todas las firmas sobre un borrador que tenía por lo menos tres semanas y que este diario había adelantado que era inminente en la edición del jueves pasado. • Cuando se conoció la sucesión de sentencias (fueron dos entre las 13 y las 15 del viernes), el vértigo dentro del gobierno era terminal. «Te mando el helicóptero» fue el mensaje en serie a todos los ministros, funcionarios y legisladores con algo que decir. Fueron llegando de a uno y todos encontraron a un Duhalde con el ánimo por el suelo, ensayando gestos de depresión que alimentaron la idea de que podría renunciar y adelantar su sueño de convocar a elecciones generales de todo en 90 días. • De a poco, entre Juan Carlos Maqueda (el primero en llegar) y Jorge Remes Lenicov (uno de los últimos) aplacaron lentamente al Designado mostrándole que no era para tanto lo que había decidido la Corte y que tampoco era de imposible cumplimiento. Jorge Vanossi, a quien todos miraban como el responsable de no haberle dicho a Duhalde lo que iba a votar la Corte sobre el «corralito», intentó convencer a todos de presentar un recurso de aclaratoria de la medida con el pretexto de que el Estado no había sido escuchado. Remes le respondió que el per saltum existe para que se decida sumariamente sin escuchar a las partes y según la razón de Estado que en esta oportunidad alguien -dijo mirando al radical ministro de Justicia- debió ocuparse de negociar con los jueces del supremo tribunal.
• Se impuso al final la línea política de Remes de redactar un decreto de necesidad y urgencia acatando la decisión de la Justicia pero ordenando la salida del «corral» en los mismos tiempos en que Remes lo había planeado anunciar el sábado.
Duhalde mostró en ese momento un primer síntoma de recuperación pero con el argumento más viscoso: «Me dicen que detrás de esto anda Menem, que quiere que esto termine en dolarización». ¿Quién lo dice? preguntan. «Los muchachos», responde el Designado y todos miran a Carlos Soria, jefe de los espías en la SIDE. Por teléfono Duhalde recibió varios mensajes. Uno de Raúl Alfonsín que se dijo «furioso con esto que ha hecho la Corte». Pero, le pidió al Designado, mejor no tomar decisiones en caliente. Desde La Rioja Jorge Yoma le dijo que no creía que el ex presidente estuviera detrás de esta maniobra (el senador riojano es un baqueano en el conocimiento de la escuela jurídica de su provincia, a la que pertenecen varios protagonistas de esta historia) cuando la voz angustiada del Designado preguntó qué se podía hacer. «A lo mejor por ahora es mejor hacerse la víctima», se escuchó en esa conversación. Esto convenció a Duhalde del tono que terminó dándole a su resbaladiza intervención por TV, un ensayo de ese dudoso ejercicio de mostrar a un presidente quejándose de otro poder ante el público. Algo que muchos creen es un signo de debilidad que un mandatario (el Designado no lo es porque no fue votado ni nadie puede reclamarle que cumpla un programa electoral) debería en lo posible evitar.
¿Pudo evitar esto Duhalde? El Designado nunca les quiso poner un interlocutor para conversar esta crisis, algo de lo que se quejaron durante el gobierno anterior, cuando los ministros Ricardo Gil Lavedra y Jorge de la Rúa evitaron escuchar sus quejas como «poder arrinconado» por las prédicas del gobierno aliancista. La llegada de Vanossi no lo consoló; le escucharon decir en un reportaje: «Veamos cuántos cacerolazos resisten». Conocían, además, que el asesor para el capítulo judicial de la reforma política es el abogado Luis Moreno Ocampo.
Durante la semana anterior algunos miembros de la Corte recibieron mensajes del ex diputado José Luis Manzano asumiendo la representación del gobierno para llegar a alguna solución de convivencia. Averiguaron si tenía credenciales pero les respondieron desde la Casa de Gobierno que el lobbysta mendocino actuaba, cuanto más, por su cuenta y a resultados. La única señal alentadora la recibieron del Senado. «No estamos en la misma de Duhalde o de los diputados. De acá no va a salir ninguna agresión», les dijeron algunos miembros del Senado, cámara donde albergan poderosos interlocutores de la Justicia como Raúl Alfonsín, Juan Carlos Maqueda, Jorge Yoma y otros. Lo que ocurrió en las horas que siguieron convirtió en papel mojado ese compromiso que ahora nadie quiere reconocer porque la guerra ya estalló.
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