18 de mayo 2001 - 00:00

La farándula consagró a Elisa Carrió

Elisa Carrió, Raúl Alfonsín y una nueva corriente de la UCR metropolitana -alineada con el ex presidente-se pelearon anoche por la taquilla. La radical «rebelde» llenó el teatro Coliseo con el relanzamiento del ARI. Alfonsín tuvo cierto eco en el corte de cintas de la feria Arte BA, montada en la Sociedad Rural de Palermo, mientras que sus discípulos en la Capital Federal -Aldo Neri, Juan Gauna y Florentina Gómez Miranda-debieron conformarse con reunir un centenar de correligionarios en la presentación de la Corriente Progresista en el modesto Salón Petra, en el barrio de Almagro.

La farándula no dudó y copó en masa el Coliseo en una manifestación tácita de «arrepentimiento» colectivo del pasado -no tan lejano-de adhesión a Fernando de la Rúa y Carlos Chacho Alvarez. Era el mismo lugar en que se presentó la Carta a los Argentinos, el 25 de mayo del '99. Había caras repetidas, pero faltaban las más famosas de aquella tarde lluviosa, de hace casi 2 años.

Curiosamente, había más gente en la víspera, algunos muy veteranos (herederos de Alfredo Palacios), algunos muchachos y chicas y, sobre todo, treintañeros y cuarentones atraídos por Carrió. La chaqueña calificó de «traidores» a los integrantes del gobierno. «Soy gorda, pero no tonta; no voy a estar sujeta a la captación oligárquica de quienes -cuando asumieron el poder-olvidaron sus principios», subrayó Carrió en lo que sonó a advertencia de que no participará de las boletas de la Alianza en octubre. «No somos de los que piensan que hay que cerrar los Congresos porque son caros; caro es el sector financiero», se despachó la eterna denunciante en otro párrafo de su discurso.

Estuvieron cerca del cura Luis Farinello (algo relegado de la foto por su contumacia en sostener entre sus laderos a Herminio Iglesias), el actor Jean Pierre Noher, las actrices Soledad Silveyra, Cristina Alberó, María Leal y Ana María Picchio (quien dejó de animar la rama femenina de Ramón Palito Ortega). Entre ellos se mezclaron los frepasistas díscolos María América González, Jorge Giles y Gustavo Galland.

Norberto La Porta
llegó tarde -ocupado por sus funciones en el Gobierno porteño-y mantuvo un bajo perfil. Con una sonrisa de candidato, explicó que «Aníbal Ibarra me elogió mencionándome como posible postulante a la senaduría, pero yo soy un hombre del partido y voy a hacer lo que me diga el socialismo democrático», argumentó.

En verdad, el jefe de la Ciudad lo puso en una situación incómoda por partida doble: en principio, porque el PSD local decidió escindirse de la Alianza para apostar al ARI; y además porque los democráticos ya nominaron a Alfredo Bravo para disputar una banca en la Cámara alta. A modo de autoflagelación, La Porta permaneció de pie -atrás de la última fila de plateas-, durante todo el acto, aunque su nombre fue vitoreado por la juventud partidaria.

Videoclip

En la previa, se pudo ver un videoclip de los animadores del bloque Argentinos por una República de Iguales, evocando en el recinto a los 30 mil desaparecidos, defendiendo la letra de la Constitución o acusando al presidente de la cámara de haber traicionado los principios de la Alianza. Carrió, por supuesto, encabezó el ranking de segundaje del tape musicalizado por Joan Manuel Serrat «Para la libertad».

Los artistas del ARI fueron subiendo de a uno al escenario, pasadas las 20. Como corresponde al teatro, primero llegaron los actores de reparto y, al final, los protagonistas. El orden de prelación estuvo relacionado -naturalmente-con el rating de cada uno en las apariciones de TV.

El diputado radical
Fernando Cantero -que, dice, no baja las banderas-inauguró el desfile. Con el entusiasmo del pullman en ascenso, le siguieron su colega socialista Oscar González y otro hombre de la bancada, el peronista disidente Juan Domingo Zacarías, quien fue recibido por una batucada.

El otrora secretario de la UIA
Manuel Herrera, prófugo del bordonismo y del Frepaso, y el legislador mandato cumplido Osvaldo Alvarez Guerrero (ex UCR) se acoplaron con menos adhesión popular. Se los veía incómodos con el saco abrochado, tratando de saludar con el brazo en alto.

El ingreso del porteño
Héctor Polino y del bonaerense Jorge Rivas, ambos del PSD, hizo agitar los trapos rojos que colgaban desde el techo de la sala. Había agrupaciones de todo los rincones del país.

Fueron recibidos con gritos de «¡bravo, bravo!», como si el público supiera que el próximo turno correspondía, precisamente, a
Alfredo Bravo.
El secretario general del socialismo democrático se llevó la mayor ovación de la velada. Hasta ese momento, pues la aparición de
Carrió desató tal entusiasmo que opacó a sus compañeros. La prima donna chaqueña consagró un nuevo uniforme: traje negro y largo foulard a la Pavarotti (suele aparecer siempre igual en TV).

Lejos de la ópera, la folklorista Teresa Parodi hizo de grupo soporte con una guitarra que -según ella misma reconoció- era prestada. «Hay tan poca gente en quien confiar», se confesó la intérprete que en el '99 también se había acercado a la fórmula De la Rúa-Alvarez.

Había otros famosos en el Coliseo, que no subieron a las tablas, como la escritora
Aída Bortnik y hasta el ubicuo Moisés Ikonicoff, maníaco de toda demostración pública (parece que le dan lo mismo las luces del pierrismo, el menemismo o el aliancismo ortodoxo). Cerca, figuraron el sindicalista metalúrgico Alberto Piccinini y el pintoresco peronista Juan Carlos Dante Gullo.

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