La estampa escolar sólo lo distingue como creador de la Bandera: sin embargo, a la inspiración de Manuel Belgrano también se le adeuda la difusión de otras ideas no menos emblemáticas y pioneras, aunque no tan recordadas; por caso, la difusión en la Argentina del modelo de la fisiocracia, surgido en Europa después de la Revolución Francesa. Es decir, el principio económico de que la tierra es la base de la riqueza, y de que la circulación de los bienes por ella producidos debe asimilarse a la de la sangre por el cuerpo: libremente. Belgrano, sí, fue el primer economista de mercado en estas tierras.
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En un país como la Argentina, tan proclive al modelo estatista y dirigista, la celeste y blanca no suele flamear sobre la totalidad del ideario belgraniano. Aunque, si se escarba en la historia, pueden encontrarse algunos ejemplos en los que su convicción fisiocrática encontró suelo fértil: por ejemplo, en la Patagonia de los años 30, cuando dos jóvenes rebeldes de Río Gallegos, Carlos y Claudio Kirchner, encabezaron una rebelión contra los impuestos confiscatorios que fijaba, desde Buenos Aires, el ministro de Hacienda Federico Pinedo.
Fue un gesto audaz el de los hermanos Kirchner: promovieron un petitorio de 100 firmas que lograron enviar al gobierno central (todo un acto de desobedienciacívica, según los estándaresde la época), donde reclamaron a Pinedo la reducción de esos gravámenes imposibles de afrontar. «Lo que ahora destinamos al pago de impuestos nacionales», decían, «ya no lo retraemos de las ganancias legítimas de los fondos, que desearíamos destinar al mejor desenvolvimiento de nuestras actividades productoras, de los recursos que deberían ir a fomentar el progreso regional, sino que lo sacamos desde hace tiempo de las sumas que deberían satisfacer nuestras primordiales necesidades».
Con el mismo fuego de Belgrano, así hablaban Carlos y Claudio Kirchner en 1933 en la remota Río Gallegos: las paradojas de la historia («madre de la verdad, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir», como escribió Cervantes en ese español incomprensible para el gobierno) han querido que ese mismo discurso hoy encarne en Alfredo de Angeli, y sea profundamente despreciado por el nieto de Carlos y sobrino nieto de Claudio Kirchner.
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