La otra orilla: el gobierno conspira en costa argentina
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Néstor Kirchner, junto a su esposa, Cristina Fernández, y el diputado peronista José María Díaz Bancalari. Verano político en las costas argentinas.
En tanto, no muy lejos de allí, en Gesell, se levantó un búnker que confronta con los duhaldistas que se desplazaron hasta Punta del Este para esperar el nuevo año. En Uruguay descansan, entre otros, Juan José Alvarez, Alfredo Atanasof y Francisco de Narváez, todos diputados del PJ bonaerense.
En Gesell, en tanto, comparte tejo y truco, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el jefe de la bancada Peronismo Federal, José María Díaz Bancalari (veranean juntos, en campos pegados, desde hace años). Es un encuentro recurrente, año a año, del que participa también el intendente de Quilmes, Sergio «Chino» Villordo.
Salvo su pertenencia común no hay demasiados lazos amigables que unan esas dos carpas. Y, claro, que conviven -por ahora- en un mismo bloque que preside el nicoleño con ánimo pactista, mientras Alvarez y De Narváez, entre otros, imaginan como matriz de una rebelión contra el gobierno.
Como espejo sirve lo ocurrido cuando se discutió el proyecto para reducir el Consejo de la Magistratura: Jorge Landau, que en términos futbolísticos juega «de memoria» con Bancalari, tuvo una postura moderada mientras Alvarez, junto a Cristian Ritondo, se opusieron tenazmente.
Unos días antes, Alvarez y Bancalari habían protagonizado un episodio ácido, con palabras fuertes y acusaciones de diverso tipo y color. A ese ritmo y con ese nivel de disidencia, ¿cuánto más podrá este dúo de bonaerense permanecer bajo el mismo paraguas?
•Cruda lección
Esa enemistad podría, incluso, empardarse con la que Fernández y Atanasof mantenían cuando ambos eran ministros de Eduardo Duhalde. No ha concluido todavía aquella novela de intrigas y siempre hay una página en blanco más donde registrar cualquier disputa futura.
Resultaría, por otro lado, simpático observar la reacción de un veraneante que, un día cualquiera, se tope con Bancalari y Fernández « truqueando». «¿Pero uno no era candidato junto a Chiche y el otro uno de los mayores defensores de Cristina?», podría preguntarse, confundido.
Una cruda lección, sin anestesia, del ABC peronista. No apta para cardíacos ni, mucho menos, para ilusos.
En rigor, nunca se rompió el enlace invisible entre los vecinos de carpa: el ministro, por caso, tuvo la gentileza de mantener en su cartera a los funcionarios que respondían a Bancalari quien, apenas un mes después de la elección, fue reaceptado en la Casa Rosada.
En las dos orillas, además, tienen que haberse mencionado un número mágico: 2007. En Uruguay, el duhaldismo residual, como parte de un armado encabezado por Mauricio Macri; en Gesell, más que en la reelección de Kirchner, en el sueño de Fernández de ser gobernador.
Hasta no hace mucho tiempo, en esa grilla también figuraba Díaz Bancalari. Pero la fractura del peronismo lo encontró del lado de los perdedores y ése es un lugar del cual, casi irremediablemente, es difícil volver.




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