Hugo Moyano y Rodolfo Daer en el palco que compartieron ayer en Plaza de Mayo
"Fue un paro franelero." Casi grosero, así definió un sindicalista de la CGT de Rodolfo Daer, ayer, la manifestación con cese de actividades que realizaron ayer las dos centrales obreras a la Plaza de Mayo. Este jerarca no se refería al abrazo que se prodigaron Daer y Hugo Moyano en lo alto del palco, gesto un tanto sobreactuado si se lo compara con lo que se odian. Tampoco al pacifismo que, cuidadosos, mantuvieron durante la concentración, la movilización y la despedida de su acto. Lo de «franelero» aludía a la relación con el gobierno. Es que hasta un par de minutos antes de la queja, los gremialistas estuvieron abrazados a las principales figuras del gobierno. Tanto que el día anterior se habían entrevistado con Fernando de la Rúa, Chrystian Colombo, Nicolás Gallo, Ramón Mestre y Leonardo Aiello: vieron más funcionarios que los que suele ver Raúl Alfonsín, presidente de la UCR, en todo un año. Por si faltaba algo, la noche del martes Armando Cavalieri, Daer, Andrés Rodríguez, Oscar Lescano y Carlos West Ocampo comieron un asado con Colombo en la sede del sindicato de Sanidad, que conduce West. En esa comida se trató el estado actual de las relaciones entre el gobierno y los gremios que hicieron la protesta de ayer.
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En principio, Colombo hizo un cuadro de situación de la economía después de que se anunciara el acuerdo con el Fondo. Insistió, hasta el cansancio, que el desafío principal del país consiste en bajar el costo del crédito. Admitió, obviamente, que para ese objetivo no alcanza con los u$s 3.000 millones comprometidos por el Fondo para marzo. «El Vikingo» machacó hasta el cansancio con ese concepto.
Después fue hacia otra de sus obsesiones: la confección de un acuerdo político que permita mostrarle al mercado la viabilidad de las cuentas públicas y de la racionalización, de tal manera que la baja de tasas resulte alcanzable. Colombo confesó que para este punto carecía de un interlocutor en el PJ, aunque destacó el buen diálogo que mantiene hoy con Eduardo Duhalde: «Ese no te sirve de nada; un día va para un lado y otro día para otro y, además, no administra», acotaron los sindicalistas cuando escucharon el dato.
Mientras comía la segunda porción de carne, el jefe de Gabinete escuchó lo que Cavalieri y West contaban de la reunión que habían mantenido con Alfonsín el día anterior. «Está muy enojado con el gobierno, nos dijo que daría un documento muy duro contra Economía, el viernes, en el Comité Nacional y dejó entrever que está pensando en que los radicales se alejen del gobierno si Cavallo sigue ganando espacio», le informaron a Colombo. Agregaron: «Tanto Alfonsín como Moreau leyeron el documento nuestro, les gustó y nos dijeron que si el gobierno no fuera radical ellos también irían a la Plaza». «El Vikingo» seguía masticando sin sacar la vista del plato, como si tragara amargo. Después se vengó: «Está bien, yo con Alfonsín hablo todos los días y hay que ayudarlo. Tenemos que lograr que entre como senador por la minoría, que saque por lo menos 15% de los votos». Todo dicho.
De esas alturas de la política los sindicalistas pasaron a algunas miserabilidades, para ellos inevitables. Se quejaron de que los bonos que, por 170 millones de pesos, les entregó el gobierno, «no sirven para nada, no los aceptan en ningún lado». «No se quejen, que desde que se los dimos hasta ahora ganaron 15%», contestó Colombo, casi como si pateara la pelota afuera.
Con el segundo reclamo fue igualmente evasivo. Le pidieron, una vez más, la cabeza de Patricia Bullrich. «Ni sueñen que haya cambios antes de las elecciones», refutó el ministro, mientras advertía que «Cavallo va a quejarse del pacto que yo quiero llevar adelante pero no va a poner palos en la rueda; está muy bajoneado como para abrir una batalla por cuestiones menores», conjeturó Colombo.
La reunión se disolvió con la promesa de volver a reunirse pronto. El jefe de Gabinete hizo una última advertencia, antes de elogiar la calidad de la carne: «No se olviden. Puteen a quien quieran pero nunca al Presidente». Era un pedido por el acto de ayer, que los sindicalistas cumplieron.
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