La reforma laboral de Brasil acelera el cambio de rumbo en la Argentina
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Michel Temer.
La crisis institucional, el descrédito profundo del Gobierno y del Congreso que llevaron adelante esas medidas y el tenor desconocido de una campaña electoral para la presidencial de octubre del año que viene son elementos que hacen dudar de la perdurabilidad de esas reformas, que son muy resistidas en amplios sectores de la sociedad brasileña.
Sin embargo, las mismas también tienen sus defensores, entre los que hay que contar nada menos que a la totalidad del empresariado de ese país, desde el comercial, al industrial y al financiero. Y, en concreto, ya rigen, algo de lo que no puede dejar de tomar nota la Argentina.
Nuestro país está virando hacia un nuevo régimen económico, signado por una apertura comercial que tomará velocidad desde fines de este año y por la búsqueda de reemplazar al consumo por la inversión como motor del crecimiento.
Brasil es, en ese contexto, mucho más que un socio comercial privilegiado. Es, también, un competidor fuerte a la hora de buscar inversiones internacionales, que si no "llueven" no es precisamente por el nombre de los candidatos que animarán las próximas elecciones legislativas sino por las actuales condiciones de la demanda y por los costos tributarios y laborales que el país ofrece en comparación con competidores potentes como Brasil.
Ya trasciende que, después de los comicios de octubre próximo, el Gobierno de Mauricio Macri pondrá en marcha un amplio proceso de blanqueo laboral, que presentará como necesario en un país en el que más de un tercio de la población trabaja en la informalidad. El mismo, inevitablemente, estará acompañado de una reforma de cuño flexibilizador, con foco en las cargas sociales, el empleo joven y en convenios colectivos que la Casa Rosada y el Ministerio de Hacienda consideran disfuncionales al cambio de régimen económico que se busca.
Lo dicho: Brasil algún día normalizará su vida política e institucional y, si las reformas sobreviven hasta ese momento, emergerá con un panorama económico muy diferente. Su situación fiscal le permitirá reducir la carga tributaria a las empresas y los cambios en el régimen laboral, en un contexto de casi catorce millones de desempleados, irán generando un abaratamiento de la mano de obra. Una Argentina de economía más abierta y que buscará atraer a los mismos capitales que Brasil se replanteará entonces qué es lo que tiene para ofrecerles. No por nada el propio Presidente acaba de decir que "los impuestos nos están matando a los argentinos".
Los diálogos con referentes sindicales sobre una renegociación de convenios ya están en marcha, aunque queda por verse si el espíritu de cooperación de aquellos persistirá cuando se conozcan los resultados del 22O y en momentos en que las tensiones laborales hacen que las bases comiencen a sobrepasar a más de uno de ellos.
Allí y aquí la política moldeará el futuro próximo.




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