La táctica de Duhalde y Alfonsín contra la Corte
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Cerca de la medianoche se cursaron las invitaciones a los radicales para la reunión del día siguiente. La aspiración, obvia: que no se viera la embestida sobre la Corte como un impulso del Ejecutivo sino como una operación del Parlamento en la que estuvieran involucrados también la UCR y el Frepaso. Lástima que la reunión se hizo en la casa del Presidente, en público.
El «gabinete ampliado» que se sentó en Olivos (con Alfonsín, Maestro, Moreau, Rodríguez, Marcelo Stubrin, Darío Alessandro) analizó distintas vías para arrinconar a la Corte. Una, propuesta por el secretario general Fernández y por el presidente de la Cámara baja, Camaño, consistía en jubilar mediante una ley a los magistrados que ya habían iniciado el trámite previsional. Los radicales la descartaron, igual que había sucedido la noche anterior con algunos peronistas a los que le habían sugerido esa estrategia.
A cambio de esa salida, los duhaldistas más rígidos pensaron en que se lleve adelante un juicio político sumarísimo, capaz de liquidar a la Corte en dos días. Se inquietó Alfonsín, quien recomendó «mucha prudencia institucional y adoptar una postura pública conciliadora». Aún así, el ex presidente tributó a la imaginación duhaldista diciendo que «es evidente que Menem está detrás de esto». Es cierto que también hizo una salvedad: «No todos los miembros de la Corte son iguales y algunos deberían ser salvados». Se refería a Gustavo Bossert, tal vez también a Augusto Belluscio (aunque la defensa de este magistrado, se comentó después en lo de Alfonsín, «va a correr por cuenta de Arnoldo Klainer, que tiene más compromisos con él»).
No era una buen sábado el de don Raúl: en otra época, con mayor lucidez y picardía política, no se le hubiera ocurrido pisar la casa del Presidente para planificar con el resto de un Ejecutivo ajeno a la luz del día cómo voltear a otro poder del Estado. Moreau, Stubrin, Rodríguez, tampoco lo salvaron del error. Después de todo, el fallo del viernes también los afectó porque los obligó a ventilar los acuerdos que venían realizando en secreto con el PJ (que llevaron a pensar en una visita de Alfonsín a Duhalde, temprano, el domingo de la semana pasada). Aun así se mostraron prudentes en Olivos. Es decir, no se plegaron a la tesis de suspender a los jueces al cabo de dos días de trámite sumarísimo, como se sugirió desde el ultraduhaldismo.




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