25 de abril 2003 - 00:00

¿La tremenda crisis hizo una argentina racional?

Podría darse este domingo un hecho que ni la misma crisis económico-social que estalló el 3 de diciembre de 2001 («corralito») logró imponer en la Argentina: que la sociedad se vuelva racional. Hay posibilidad de que dos racionales en el manejo de la Economía, Carlos Menem y Ricardo López Murphy, vayan al ballottage. Más importante aún: si se sumaran sus votos podrían superar quizá 52%. Significan ambos libreempresa, iniciativa privada, Estado circunscrito a lo imprescindible, antidictadura castrista, apertura económica, no populismo, no desorden en las calles.

Carlos Menem, por ejemplo, tiene su mayor caudal de votantes no en las «villas», aunque también sea el preferido allí, sino en el rubro «desocupados», como lo muestran encuestas (serias). Están así hoy millones de argentinos (24% sin descontar beneficiarios de subsidios del Estado). Esa gente sin trabajo no vota utopías de izquierda, no vota misticismos raros tipo Elisa Carrió, está descreída del populismo clientista pero efímero de Duhalde. Esa gente desesperada se nota que vota a quien pueda hacer crecer a la Argentina y darle el trabajo que no tiene. De allí que sea hoy la base más firme de un eventual triunfo de Carlos Menem (tiene entre «desocupados» 41% y los que lo siguen apenas si llegan a 15%). Otro rubro donde no suelen entrar las utopías políticas es el de la «mujer»; allí el riojano logra más que nadie, 37%, y lo sigue Rodríguez Saá, pero con 16%.

Más de 50% de sufragio racional -que también aumentaría con parte del voto de Adolfo Rodríguez Saá, como ser los que expresan «gobernó bien su provincia, dio trabajo- más el pequeño apoyo del MID (desarrollismo) y otros es un cambio muy profundo en la Argentina. Porque ni Menem ni López Murphy han hecho proselitismo demagógico prometiendo «nacionalizaciones» y si han hablado de aumentos salariales ha sido acompañándolos de rebaja en las cargas patronales. Además, ambos se han pronunciado, como ningún otro, por el tema «seguridad». La novedad -lógicamente si se da- es que acabaría aquella tradición argentina de que «hay que ganar con ideas populistas y algo de izquierda y luego gobernar con el realismo del centroderecha». Más aún: López Murphy, Menem y otros menores con guarismos altos de votos el domingo significarían el comienzo del fin del tan costoso «populismo» para permitir el progreso de la Argentina como nación.

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