La UCR festejó sin olvidar la interna

Política

A un gran festejo se dedicaron ayer los radicales de la Capital Federal por el triunfo de Gerardo Zamora en Santiago del Estero. La excusa reunió a las caras más conocidas de la UCR porteña, pero también atrajo a viejos caciques barriales que hacía tiempo no se reencontraban. La algarabía contó una ausencia notoria, la del presidente del Comité Capital de la UCR, Jorge Casabé, a quien prometían destituir el próximo lunes por votación de mayoría de un plenario que lo acusa de ibarrista. Desde el Comité Nacional de UCR, por su parte, se lanzó un comunicado de «satisfacción tras la victoria obtenida», que asegura que «el triunfo en Santiago del Estero, muestra que la unión Cívica Radical se encamina hacia la vigencia mayoritaria en el país, recuperando paso a paso con actitudes renovadas la confianza y el apoyo de los argentinos».

Además de los porteños y del Comité Nacional, otro grupo de radicales, los que se denominan Olavarría, emitió un comunicado propio, en el que reivindican su «postura frentista» que, dicen, confirma «su veracidad en los recientes comicios». Ese grupo lo integran, entre otros, el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, y el de Junín, Mario Meoni.

En el Comité porteño ayer, la concurrida tenida mostró tan felices a los radicales ( daban cuenta de que casi el último festejo sería cuando ganó Aníbal Ibarra y eran Alianza en 2000), que ni siquiera clamaron por un vaso de agua, ya que la convocatoria no contó con bebidas ni, mucho menos, comida.

El llamado a reunirse en la sede de la calle Tucumán, por cierto, tuvo una previa a la que convocó
Pedro Querido, vicepresidente segundo de la UCR porteña y quien podría asumir de ser destituido Casabé, ya que quien lo precede en las jerarquía, Cristian Caram, ya presentó la renuncia.

Estaban ayer, entre otros,
Enrique Nosiglia, José María García Arecha, Enrique Olivera, Nito Artaza, muchos aliados a Jesús Rodríguez, de quien dieron parte de encontrarse en España, ex concejales y ex legisladores porteños, como «Quique» Benedetti, Rubén Campos y Eduardo Pacheco, en más de doscientos convidados, y Querido, por supuesto.

Casabé
, simultáneamente al festejo, aseguróa este diario: «No voy a renunciar» y puso en duda el mecanismo con el cual lo quieren destituir, el de mayoría simple del plenario. «Si te eligen así, así te pueden destituir», replicó desde el Comité Capital, García Arecha.

• Impulso

Las elecciones santiagueñas dan impulso a los radicales de la Capital que abonan la consigna de presentarse con sello propio y sin alianzas en octubre venidero, aunque parece contradictorio, ya que el provinciano homenajeado por los porteños, constituyó un frente electoral en su distrito. Pero, claro, las elecciones de este año tienen varios propósitos para el radicalismo de la Capital Federal, que en principio comienzan por superar 2% de votos que bochornosamente exhibió en 2003, cuando Caram se lanzó a la aventura de competir contra Aníbal Ibarra luego de haber sido socios políticos hasta días antes de la votación. Allí comenzó a profundizarse la fractura entre los radicales que siguieron apoyando al jefe de Gobierno y que ahora son censurados por la mayoría, de acuerdo con las votaciones y escándalos que se vienen protagonizando en los plenarios de delegados como el de la semana pasada. De eso se habló cuando el festejo se transformó en asamblea, la que cerraron Olivera y Artaza.

Con el triunfo de
Zamora, los porteños de la UCR que se mantenían aletargados tras la retirada de Fernando de la Rúa, creen haber recuperado definitivamente el ímpetu para la competencia electoral. Desde luego que el propósito de los porteños no es ganar la elección como en Santiago del Estero, sino apenas «remontar el último resultado», según dice Olivera, quien sería por lista única el candidato a primer legislador por la Ciudad de Buenos Aires.

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