Lavagna explica su acuerdo con Tabaré
El ex ministro Roberto Lavagna hizo ayer una nueva aparición. Fue en un extenso reportaje que le hizo la revista dominical «Perfil» en los Estados Unidos. Entre las opiniones que aportó están sus críticas al funcionario Guillermo Moreno, alguna anécdota de su trayectoria como controlador de precios en la gestión Revestido en los 70 y su fórmula de solución a la crisis de las papeleras. Veamos una síntesis de ese reportaje.
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-Si las plantas de Botnia cumpliesen con las mismas normas que se cumplen en la Unión Europea, usted hubiese recomendado que una planta industrial se hubiese instalado en la Argentina.
-Tiene que cumplir con la norma ambiental que mejor exista en el mundo. No sólo la de la Unión Europea. Si en algún otro lugar del mundo, cosa que se puede saber relativamente fácil, se hubiera instalado más recientemente una planta con requisitos medioambientales más altos, ésos son los requisitos que tiene que cumplir, porque no se olvide que en Europa hay todavía algunas plantas que son viejas. Esas no.
-En la medida en que una plantade Botnia cumpliese con los mejores estándares que hay hoy en el mundo, ¿usted recomendaría que se instalase en la Argentina?
-Sin duda. Una de las ventajas comparativas de las tantas que la Argentina tiene es precisamente, y que la tiene Uruguay también, en parte también la tiene Chile, es la de la producción con valor agregado, no con troncos.
-¿El control de precios que realiza el gobierno tiene alguna similitud con los que usted participó durante el plan austral?
-Yo durante el plan austral no controlé precios, se refiere a la presidencia de Perón, en 1975...
-En el plan austral hubo precios máximos.
-No mientras yo estuve. La época de precios máximos en la que yo intervine menos fue en la de Perón en 1975. Yo era director de políticas de precios y de ingresos simultáneamente, por la concepción económica aquella que se perdió. En primer lugar, eso se hizo en un mundo distinto. Richard Nixon tenía precios máximos en los Estados Unidos, a raíz de la primera crisis petrolera. En segundo lugar, se hizo de una manera altamente técnica. Pero terminó con un artículo mío al ministro, leído en reunión de gabinete y provocó revuelo, en el que decía que una política de precios única y masiva termina en fracaso. Hice esa presentación y me fui precisamente porque era inviable.
-¿Qué piensa de que Hugo Moyano termine siendo accionista del tren Belgrano Cargas?
-Ah, es una gran barbaridad. Pero no por la persona sino por el sindicato, por la idea que vi en los noticieros porque el argumento es: debo ser accionista para controlar al tren que es mi competidor. ¡Es un desatino!
-¿La política antiinflacionaria que aplica Guillermo Moreno es correcta?
-Es incorrecta. No porque la aplique él. Es incorrecta en la medida en que no está en un contexto más amplio. Una política antiinflacionaria tiene que tener, como lo dije antes, una política fiscal, una política monetaria y, aun dentro de la política de ingresos, hay otras cosas. Hay una política de productividad, de competencia. Sola, aislada, hay riesgos...
-Kirchner dijo que le recomendaba a Moreno «morder un poco más a los empresarios». ¿Eso es parte de lo incorrecto?
-Es incorrecta por parcial. No hace falta morder. Mire, yo le estaba dando ejemplos donde lo que está en juego es o era infinitamente más grande. Decir no a los seguros de cambio, yo lo recuerdo, la megadevaluación del año '82, hay estudios hechos por varios economistas, por seguros de cambio le costó a la sociedad argentina -según quien hizo el cálculo- entre siete puntos y diez puntos del PBI. Estos son del orden de los 15 mil millones del balance. Así que fíjese, no hace falta morder. Simplemente, hace falta tener la decisión, hace falta tener ideas claras y hace falta poder argumentar.
-Cuando usted dejó el Ministerio de Economía, hizo una crítica a Julio De Vido. ¿Criticar a De Vido es criticar a Kirchner?
-No, no, no. Los periodistas decidieron esto. Lo que yo hice es algo muy preciso, a riesgo de que sea un poquito largo, se lo voy a explicar. Yo le pedí a la Secretaría de Política Económica del ministerio, cuyo titular de hecho sigue siendo el doctor (Oscar) Tangelson, que hiciera un análisis sobre el precio de ciertas obras públicas. Esa secretaría hizo un trabajo que duró casi un año. Presentó un informe señalando que entre las empresas privadas había un arreglo a medida que iban sucesivamente ganando licitaciones. Con ese material en la mano, lo remití a donde formalmente se debía, la Comisión de Defensa de la Competencia, con un pedido de análisis urgente sobre la posibilidad de existencia de sobreprecios. A eso me referí yo en la convención de la Cámara de la Construcción. Y, afortunadamente, la Argentina lo hizo. Porque un mes después, el Banco Mundial llegó exactamente a la misma conclusión e hizo un informe muy negativo.
-¿Usted dijo que la Jefatura de Gabinete es como la quinta rueda de un carro, algo innecesario?
-Hace un rato yo le decía que ésta no es la Constitución que a mí me gusta. Yo prefiero el período presidencial de seis años, sin reelección inmediata. Otro ejemplo es la Jefatura de Gabinete, no creo que sea una institución que se corresponda con las necesidades de la Argentina de hoy.
-¿Tenía mejor relación con Alberto Fernández que con De Vido?
-Mi relación estaba centrada en el presidente de la Nación.



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