Roberto Lavagna comenzó a sonar anoche como reemplazante de Daniel Scioli en la candidatura jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El ministro de Economía, que rechazó la posibilidad de convertirse en vice de Néstor Kirchner, desembarcaría en el PJ porteño para tomar el lugar de Scioli, quien sí aceptó acompañar al candidato presidencial.
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Esta suerte de enroque entre Lavagna y Scioli se habría acordado en vísperas de la interna de ayer del peronismo metropolitano. La versión indica que, en la casa de Carlos Ruckauf en Villa Gesell, Lavagna habría aceptado sustituir a Scioli en la lidia porteña, después de haberse negado a secundar al patagónico. La cena fue el sábado por la noche.
Sea como fuere, el suplente de Scioli debería recibir la bendición del congreso partidario de la Capital Federal. Eso, desde el punto de vista formal. El trámite parece asegurado, tomando en cuenta la supremacía que tendrá el tomismo y sus amigos en los cuerpos orgánicos.
Por el otro, el candidato tendría que concitar un grado de consenso similar al que despertaba el secretario de Turismo, a quien apoyaron las dos listas que compitieron por cargos electivos y de autoridades del PJ. Algo más difícil, por cierto.
Además, y no es un dato menor, el elegido debería estar en condiciones de salir a la arena porteña y pelear por la herencia de Aníbal Ibarra, de igual a igual, con Mauricio Macri y otros retadores del actual administrador frepasista.
Será una incógnita qué actitud adoptará el menemismo moderado -encarnado por Raquel Kismer de Olmos (a) Kelly-, que adhirió sin problemas a Scioli y terminó en amigable convivencia con funcionarios duhaldistas, por caso, el viceministro del Interior, Cristian Ritondo. ¿Pero será lo mismo acompañar al ministro emblemático de Eduardo Duhalde en las boletas del distrito? «Kelly» Olmos telefoneó ayer a las 6 a Scioli para preguntarle por la noticia que mencionaba al candidato a jefe de Gobierno como vice de Kirchner. Scioli admitió que hubo una oferta, pero aseguró que no había dado una respuesta. En consulta con Alberto Kohan, el ex secretario general de la presidencia sugirió prudencia a «Kelly». «Esperemos a ver qué pasa», trató de calmarla.
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