Roberto Lavagna calcula fríamente sus próximos pasos políticos, entre los cuales no figura por ahora responder públicamente al llamado de Mauricio Macri para sentarse a discutir acuerdos programáticos «resignando ambiciones personales», como reclamó el líder del PRO esta semana.
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El ex ministro de Economía ya selló un acuerdo con radicales y macristas para repudiar en bloque los superpoderes presupuestarios de Alberto Fernández, que le permiten al jefe de Gabinete reasignar partidas al margen de lo dispuesto por el Congreso. Y ya les ordenó a sus segundas líneas -léase Jorge Sarghini y Alberto Coto- profundizar los acuerdos programáticos con las fuerzas opositoras. Pero por ahora no quiere una foto pública que lo muestre junto a Macri antes de Navidad.
Las razones son muchas y están concatenadas en un efecto dominó que hace sospechar la lejanía de un acuerdo electoral macrista-lavagnista. En primer lugar, Lavagna todavía ni siquiera blanqueó públicamente su intención de ser presidente. «Estoy dispuesto a asumir cargos de responsabilidad», «quiero construir una alternativa superadora», se limita a decir el ex funcionario kirchnerista, casi como un futbolista que responde siempre con la misma frase las no preguntas de los cronistas deportivos.
Poco coherente
Si Lavagna todavía no es candidato a nada, algo que lo diferencia de un Macri candidato a todo, una foto que muestre juntos a estos personajes resultaría poco coherente. « Lavagna no se va a correr a la derecha, eso es algo que tiene muy claro», explicó a este diario uno de sus más estrechos colaboradores para graficar la lejanía de una instantánea que muestre al ex ministro junto al presidente de Boca Jrs. Es que si el economista retrasa su lanzamiento presidencial para protegerse de los ataques del oficialismo, -desde donde ya le revolearon una carpeta que sepultó políticamente al diputado lavagnista Juan José Alvarez debido a su pasado como agente de la SIDE en la última dictadura-, resultaría poco astuto que se muestre tan temprano junto a Macri, a quien la Casa Rosada estigmatiza como un fiel representante de los males de la década del 90.
Pero hay más. La Unión Cívica Radical todavía no termina de digerir la participación de Macri en un frente opositor -en el que el empresario, que no resigna sus chances de ser presidente, es quien más popularidad tiene-. Por eso en un momento tan delicado de la relación con el radicalismo, que acaba de quedar acéfalo por su alineamiento lavagnista, el ex ministro prefiere cocinar las alianzas a fuego lento. Si bien Macri es más conocido que Lavagna -ayer en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso un diputado radical explicaba que en muchas provincias del Norte ni siquiera saben quién es el fundador de Ecolatina y, en cambio, la bandera de Boca Jrs. adorna millones de hogares bonaerenses-, la UCR sólo aceptaría al jefe del PRO en un acuerdo que lleve al economista como candidato presidencial con un vice radical. Y presiona al lavagnismo recordándole que sólo el centenario partido fundado por Leandro N. Alem tiene la estructura partidaria suficiente como para fiscalizar urnas en todo el país.
El efecto dominó se agrava a partir del conflicto que Lavagna desata entre Macri y Ricardo López Murphy. Los dirigentes de Compromiso para el Cambio ratificaron su intención de conformar un frente político más amplio «sin sectarismos y sin posturas tan absolutas», aunque indicaron que ese objetivo no significa romper relaciones con Recrear, el partido del «bulldog» que rechaza un alineamiento con los sectores duhaldistas que apoyan a Lavagna.
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